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EDITORIAL

  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Este domingo, como cada 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, evento que recuerda la lucha de las mujeres por un lugar igualitario en la sociedad ante una “desventaja” histórica, se dice, frente a los hombres. Se define como una jornada de reflexión y reivindicación de derechos por la equidad de género, la eliminación de la violencia y la garantía de derechos fundamentales que, a pesar de los avances, siguen siendo, dicen, negados o vulnerados en muchas partes del mundo. Se afirma que no es celebración.

El origen del 8 de marzo se remonta a diversas luchas feministas que marcaron la historia. Uno de ellas ocurrió en 1908, cuando 129 trabajadoras textiles murieron en un incendio en Nueva York tras declararse en huelga por mejores condiciones laborales. También se recuerda la marcha de mujeres en Rusia en 1917, que fue clave para el reconocimiento del derecho al voto femenino. En 1977, la ONU hizo oficial esta fecha: Día Internacional de la Mujer.

Ese es el discurso internacional que se esgrime cada año. Sin embargo, algunas de esas demandas, en el México actual no reflejan la realidad. Veamos: el discurso dice que “siguen enfrentando múltiples formas de discriminación y violencia”. Pero, la Constitución les otorga igualdad de derechos. Discriminación la sufren también los indígenas, los pobres y los migrantes. Entonces es un problema no exclusivo. La violencia intrafamiliar, obedece a situaciones complejas y muy privadas de falta de respeto, comprensión, diálogo y acuerdo familiar.

Luego: que “siguen siendo víctimas de feminicidios, acoso y explotación laboral”. Los feminicidios en México y en el mundo son consecuencia de la inseguridad, violencia y falta de garantías que los gobiernos deben ofrecer a todos los ciudadanos. Explotación laboral o diferencias de salarios, no es muy claro, ya que la ley del federal del trabajo no distingue esos derechos. Al menos en empresas formales o en el servicio público, los salarios del mismo nivel de jerarquía son iguales ya sea que los ocupen hombres o mujeres.

Por el contrario, dicho con respeto, pero lo que se ve no se cuestiona: los movimientos feministas extremos y el arribo de personas con filosofías de extrema y antigua izquierda, han deformado la solicitud de derechos por libertinaje. Si no, basta ver las manifestaciones de “mujeres” encapuchadas, agrediendo gente, rompiendo ventanas, pateando casetas telefónicas o golpeando a policías. Y que por “respeto a sus derechos” no se les aplica la ley por daños y agresiones.

Que no se romantice o se confundan los derechos con el libertinaje extremo. Actualmente, los adjetivos de “empoderamiento” o “guerreras” o “luchonas”, han dejado atrás los honrosos títulos de Damas, Señoras o Señoritas.

En los discursos, hay quienes exigen como si verdaderamente carecieran de todos los derechos. Es bueno recordar y honrar a quienes se sacrificaron por obtener todo lo que ahora las mujeres gozan, pero se debe reconocer también lo obtenido.

La participación de los hombres en la construcción de una sociedad más justa es fundamental. Todavía hay quienes entendemos y promovemos que: a las mujeres se les debe respetar, proteger, cuidar, valorar, reconocer y amar; siempre, en todo momento y en todo lugar. Con esos valores nos educaron. Tristemente, en ese sentido, tanto la sociedad como las mismas mujeres… han cambiado.


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