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EDITORIAL

  • hace 5 horas
  • 2 Min. de lectura

El calendario de esta primera mitad de febrero, es interesante y diverso. Uno de los días más celebrados, aunque muy comercializado, es sin duda el Día del Amor y la Amistad. Las reflexiones más profundas sobre estos temas, las han hecho diversos filósofos desde tiempos inmemoriales, pero cada quien los define como lo ha vivido.

 

El carnaval de este año de Veracruz y Mazatlán, marcan un retorno a la catarsis social. La máscara, el baile y el desfile de carros alegóricos cumplen su función ancestral: permitir el exceso antes de la abstinencia. El carnaval moderno no es solo tradición, es también una operación logística de grandes magnitudes.

 

La presencia del Ejército Mexicano (que precisamente celebra su día el 19 de febrero), la Guardia Nacional y la Marina en los operativos de seguridad se vuelve fundamental. La consigna es clara: "sin seguridad no hay turismo ni inversión". La participación de las fuerzas armadas en la protección de los desfiles, conciertos masivos y coronaciones demuestra que la salvaguarda de la fiesta popular requiere un esfuerzo coordinado en materia de orden público.

 

Luego, con la llegada del Miércoles de Ceniza, se experimenta una transición abrupta y simbólica: el paso de la euforia carnestolenda a la sobriedad cuaresmal. Este 2026, el escenario es un reflejo de nuestra compleja realidad, donde la celebración, la fe y la seguridad pública conviven en una frágil línea.

 

El 18 de febrero, la ceniza en la frente actúa como un "puente" cultural. Nos recuerda la mortalidad humana ("polvo eres y al polvo volverás") y el inicio de cuarenta días de reflexión, ayuno y conversión, marcando una pausa necesaria en la vida cotidiana. Esto está muy marcado en todas las religiones de origen judío-cristianas.

 

El contraste es editorialmente potente: la misma autoridad que blindó las calles ayer, presencia hoy el rito de la ceniza. El llamado de este tiempo no es a la tristeza, sino a la reflexión profunda sobre la existencia, el arrepentimiento y la esperanza. La sociedad mexicana adopta, una vez más, la ceniza como signo visible de su deseo de renovación espiritual.

 

Contrastes muy marcados en la actualidad, pero que marcan la dinámica social. Que la paz y la seguridad que buscaron los operativos militares durante el carnaval, se conviertan en una paz interna y social durante este periodo de Cuaresma.

 


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