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EDITORIAL

En días pasados, concretamente el 13 de enero, se publicó en este Semanario ESPRESSO, una cápsula informativa con motivo del Día de la Depresión. En dicha nota se especificaba que la depresión no solo es sinónimo de tristeza, sino que es un grave padecimiento que, si no se atiende, puede desembocar en suicidio.

 

Esta semana, lamentablemente, los medios dieron cuenta de un evento de esa naturaleza de un joven de 15 años, en la zona del puente de la granja. El mismo día por la tarde, otro intento en Xalitic. Por todo ello, es importante analizar, tan delicado tema, que, en ocasiones, ni familias ni instituciones atienden debidamente.

 

El suicidio en adolescentes es un grave problema de salud pública. En diversos sectores se interpreta como fracaso institucional, debido a la falta de sistemas de apoyo, burocracia para acceder a las áreas de salud mental y la posible incapacidad de las escuelas, para abordar factores de riesgo como el bullying o la presión académica. Esto se refleja en una carencia de prevención y contención, que exige respuestas coordinadas, interdisciplinarias y un enfoque comunitario para ofrecer esperanza y herramientas de adaptación a los jóvenes. Sin duda la familia, aunque sea disfuncional, juega un papel fundamental en la causa, la omisión o atención.

 

De acuerdo al sector salud, puede haber múltiples causas para llegar a usar la puerta falsa: Trastornos como depresión, ansiedad o bipolaridad son factores clave; baja autoestima y la creencia de ser inútil se asocian a pensamientos suicidas; ambientes hostiles, indiferentes, o excesivamente coercitivos aumentan el riesgo.

 

El suicidio es una conducta generalmente de escape al enorme sufrimiento emocional que la persona experimenta en algún momento. Este sufrimiento, está relacionado con sentimientos de mucha frustración, hartazgo, desesperanza, alcoholismo, extrema pobreza y pérdida del sentido de la vida.

 

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la edad de 15 a 29 años es en la que ocurren más casos de suicidio, seguida por la población de 30 a 59 años. Esta causa de muerte es más frecuente en los hombres que en las mujeres, y la tasa de suicidio ha crecido de manera importante.

 

El tema del suicidio en adolescentes se ha complicado en los últimos años. Hay quienes lo asocian con el uso indiscriminado del teléfono celular y redes sociales, que, imponen estereotipos de conductas inalcanzables que frustran a la juventud.

 

En caso de ver a alguien en una situación de suicidio, los pasos a seguir son: identificar el riesgo, conservar la calma, evitar dejar sola a la persona, garantizar su seguridad física y canalizarlo a una institución de ayuda profesional.

 

Familia, escuela, sociedad y gobierno, deben unir esfuerzos para atender tan grave tema, es lamentable ver perderse vidas a tan corta edad. Los suicidios no deberían existir, menos en jóvenes, porque es un reflejo de fracaso de una sociedad descompuesta.


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