El verano comienza astronómicamente el 21 de junio en el hemisferio norte. Este evento, conocido como solsticio de verano, marca también el día más largo del año y la noche más corta. Inicia la segunda estación de año.
Esta fecha conmemorativa, que rinde homenaje a la figura paterna y su importante rol en la familia, se festeja en México y gran parte de Latinoamérica cada tercer domingo del mes de junio. Feliz Día del Padre…
Soneto a mí padre De canas y recuerdos sus edades el tiempo le perdona sus errores y exalta los esfuerzos de labores brindadas como obsequio de bondades. Conmigo tus ejemplos como jades tesoros con que el ánimo decores legado de vivencia y valores herencia que eternizan tus verdades. Habite en mí la voz de tu experiencia de vida que vivida como padre me enseña eternamente y sin palabras. Perdone la memoria y solo encuadre lo bueno que enriquezca mi existencia aquello
El astro propicio Al rendirse tu intacta adolescencia, emergió, con ingenuo desaliño, tu delicado cuello, del corpiño anchamente floreado. En la opulencia, del salón solitario, mi cariño te brindaba su equívoca indulgencia sintiendo muy cercana la presencia del duende familiar, rosa y armiño. Como una cinta de cambiante falla, tendía su color sobre la playa la tarde. Disolvía tus sonrojos, en insidiosas mieles mi sofisma, y desde el cielo fraternal, la misma estrella
Soneto IV. Junio corría Bajo el cielo fiel junio corría arrastrando en sus aguas dulces fechas, ardientes horas en la luz deshechas, frutos y labios que mi sed ansía. Sobre mi juventud junio corría: golpeaban mi ser sus aguas flechas, despeñadas y obscuras en las brechas que su avidez en ráfagas abría. Ay, presuroso junio nunca mío, invisible entre puros resplandores, mortales horas en terribles goces, ¡cómo alzabas mi ser, crecido río, en júbilos sin voz, mudos clamo
La guirnalda de rosas ¡Esa guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero! ¡Teje deprisa! ¡Canta! ¡Gime! ¡Canta! que la sombra me enturbia la garganta y otra vez viene a mí la luz de enero. Entre lo que me quieres y te quiero, aire de estrellas y temblor de planta, espesura de anémonas levanta con oscuro gemir un año entero. Goza el fresco paisaje de mi herida, quiebra juncos y arroyos delicados. Bebe en muslo de miel sangre vertida. Pero ¡Pronto! Que unidos, enlazados, boca rota
Ser río sin peces Ser de río sin peces, esto he sido. Y revestida voy de espuma y hielo. Ahogado y roto llevo todo el cielo y el árbol se me entrega malherido. A dos orillas del dolor uncido va mi caudal a un mar de desconsuelo. La garza de su estero es alto vuelo y adiós y breve sol desvanecido. Para morir sin canto, ciego, avanza mordido de vacío y de añoranza. Ay, pero a veces hondo y sosegado se detiene bajo una sombra pura. Se detiene y recibe la hermosura con un
Mientras por competir con tu cabello Mientras por competir con tu cabello oro bruñido al sol relumbra en vano, mientras con menosprecio en medio el llano mira tu blanca frente al lilio bello; mientras a cada labio, por cogello, siguen más ojos que al clavel temprano, y mientras triunfa con desdén lozano del luciente cristal tu gentil cuello, goza cuello, cabello, labio y frente, antes que lo que fue en tu edad dorada oro, lilio, clavel, cristal luciente, no sólo en pl
Madre Mía Madre, madre, tú me besas, pero yo te beso más, y el enjambre de mis besos no te deja ni mirar… Si la abeja se entra al lirio, no se siente su aletear. Cuando escondes a tu hijito ni se le oye respirar… Yo te miro, yo te miro sin cansarme de mirar, y qué lindo niño veo a tus ojos asomar… El estanque copia todo lo que tú mirando estás; pero tú en las niñas tienes a tu hijo y nada más. Los ojitos que me diste me los tengo que gastar en seguirte por los valle
La Ausencia Nace la aurora y el hermoso día brilla de rojas nubes coronado; en mi pecho, de penas abrumado, la sonrosada luz es noche umbría. De las aves la plácida armonía es para mí graznido malhadado, y estruendo ronco y son desconcertado el blando ruido de la fuente fría. Brotan rosas el soto y la ribera; para mí solo, triste y dolorido, espinas guarda el mayo floreciente. Que esta es, oh niño dios, tu ley primera: no hay mal para el amor correspondido, no hay bie
Niñito ven Niñito, ven; puras y bellas van las estrellas a salir. Y cuando salen las estrellas, ¡los niños buenos, a dormir! Niñito, ven; tras de la loma la blanca luna va a asomar; cuando la blanca luna asoma, ¡los niños buenos, a soñar! Niñito, ven; ya los ganados entran mugiendo en el corral. Cierra tus ojos fatigados en el regazo maternal. Niñito, ven; sueña en las rosas que el viento agita en su vaivén; sueña en las blancas mariposas... ¡Niñito, ven! ¡Niñito, ven
Poema del Libro Entre todos mis libros, es éste el que prefiero éste que un día dejé a medio leer lo cerré de repente, lo puse en el librero, y ya lo cubre el polvo del ayer. Recuerdo que era un libro de gran belleza era como si en cada frase floreciera un rosal pero temí de pronto que me desencantara si seguía leyendo hasta el final. Y ahí está en el librero, donde lo puse un día tal vez un poco triste por lo que no leí, pues recordé, muchacha, que casi fuiste mía, y a
Y nuevamente abril a flor de cielo... Y nuevamente abril a flor de cielo abre tus manos tibias, y yo canto el júbilo entrañable y el espanto que en mi sangre derramas con tu anhelo. Amo la gravidez del alma, el vuelo por la caricia que hasta ti levanto, y el fuego triste hallado en el quebranto de la distancia, aborrecible velo. Amor: abril, tu cómplice, desvía la ruta del temor que disminuye y disfraza de fiesta su agonía. Eres abril de nuevo, amor, y nada escapa de
Ella Si me fuera tu vida indiferente; si yo te amara menos y tú más; si corazón y sangre y alma y mente latieran con un ritmo y un compás; Si fuéramos dos almas paralelas para volar, cantar, soñar y amar; dos gaviotas errantes y gemelas hijas del cielo azul y la ancha mar; mas somos dos quejosos manantiales que sueñan entre espinos y jarales sediento uno del otro y nada más, oyendo, bajo tálamo de frondas, tu sollozar mis ondas, yo tus ondas ¡ay! sin podernos confundi
La primavera de la aldea La primavera de la aldea bajó esta tarde a la ciudad, con su cara de niña fea y su vestido de percal. Traía nidos en las manos y le cantaba el corazón como en los últimos manzanos el trino del primer gorrión. Tenía, como los duraznos, de nieve y rosa hecha la piel y sobre el lomo de los asnos llevaba su panal de miel. A la ciudad, la primavera trajo del campo un suave olor en las tinas de la lechera y los jarros del aguador... Jaime Torres B
Deshojación sagrada Luna ¡Corona de una testa inmensa, que te vas deshojando en sombras gualdas Roja corona de un Jesús que piensa trágicamente dulce de esmeraldas! Luna. Alocado corazón celeste ¿Por qué bogas así, dentro la copa llena de vino azul, hacia el oeste, cual derrotada y dolorida popa? Luna. Y a fuerza de volar en vano, te holocaustas en ópalos dispersos: ¡Tú eres tal vez mi corazón gitano que vaga en el azul llorando versos!... César Vallejo Poeta peruano de trasc
A ti mujer No mujer... ¡Hada eres! Muy, amorosa las manos tiendes al callado viento, en él despiertas lánguido concierto como la brisa en arpa melodiosa. No mujer, bella imagen... Eres diosa; y de tu rostro el celestial portento irradia el infinito sentimiento, ser de tu ser, inspiración hermosa. No mujer... ¡Eres ángel! Tu pureza eclipsa la del sol: la sensitiva no es como tú, modesta y delicada. Yo admiro arrebatado tu grandeza; pero calla mi voz, no osando altiva c
No basta que en su cueva se encadene... No basta que en su cueva se encadene el uno y otro proceloso viento, ni que Neptuno mande a su elemento con el tridente azul que se serene, ni que Amaltea el fértil campo llene de fruta y flor, ni que con nuevo aliento al eco den las aves dulce acento, ni que el arroyo desatado suene. En vano anuncias, verde primavera, tu vuelta de los hombres deseada, triunfante del invierno triste y frío. Muerta Filis, el orbe nada espera, sino niebla
Ayer, al anochecer Las sombras descendían, los pájaros callaban, la luna desplegaba su nacarado olán. La noche era de oro, los astros nos miraban y el viento nos traía la esencia del galán. El cielo azul tenía cambiantes de topacio, la tierra oscura cabello de bálsamo sutil; tus ojos más destellos que todo aquel espacio, tu juventud más ámbar que todo aquel abril. Aquella era la hora solemne en que me inspiro, en que del alma brota el cántico nupcial, el cántico inefabl
Rima I Como se arranca el hierro de una herida su amor de las entrañas me arranqué, ¡aunque sentí al hacerlo que la vida me arrancaba con él! Del altar que le alcé en el alma mía la voluntad su imagen arrojó, y la luz de la fe que en ella ardía ante el ara desierta se apagó. Aun para combatir mi firme empeño viene a mi mente su visión tenaz... ¡Cuándo podré dormir con ese sueño en que acaba el soñar! Gustavo Adolfo Bequer Poeta español nacido en Sevilla el 17 de febre
Desolación Ha muerto ya la pasión loca después de una larga agonía. No busques besos en mi boca. Se quedó la jaula vacía. Barrí los últimos despojos de ilusiones y de ternuras. No busques brillo en mis ojos. ¿No ves que la casa está a oscuras? Es inútil que tiendas la mano. Ni una flor en el parque en ruina. No tiendas la mano. Es en vano, te pudieras clavar una espina. Sólo musgo en las lápidas nace. Ya lo ves: camposanto de olvido. Déjame a solas con mis muertos. ¡V
Renunciamiento Si de nuestro dolor somos los dueños nadie podrá impedir que yo destruya mi corazón, para la dicha tuya, y sacrifique los más caros sueños. Si de lo nuestro es el dolor la esencia, tanto más propio cuanto más profundo, para que tú no sufras ni un segundo yo he de sufrir por toda mi existencia, Si el dolor que me hiere es solo mío, puedo darlo a mi antojo y mi albedrío, porque tú logres ser feliz, amada. Que el verdadero amor es darlo todo por el amor en sí... y