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REFLEXIONES

Héctor Hernández Parra

 

En Coatepec aún se conserva el recuerdo de aquéllos puntos de reunión, de convivencia social, cantinas, pequeños negocios donde se preparaban bebidas con frutas o yerbas, mezcladas con alcohol que se comercializaban. El complemento ideal para una amena charla, daba la oportunidad para consumir alimentos ligeros tradicionales como antojitos, guisados conocidos como “botana”. Lugares, personajes y detalles que matizaban la vida cotidiana en nuestro pueblo.

 

Las bebidas recordadas como “espirituosas” que aún se preparan y se degustan nos brindan la oportunidad de recordar a personas como al señor Eufemio Gómez Herrera y a la señora Hermila Pérez Aguilera, que preparaban y servían un compuesto preparado con una yerba conocida como “yerba del burro” mezclada con anís en una infusión con aguardiente. Para acompañar se servían chiles en vinagre, chiles rellenos y pambazos compuestos con frijoles, queso y chiles jalapeños.

 

El negocio denominado “El Diamante” ubicado en la esquina de las calles Colón y Zamora contaba con mesas de billar y una cantina muy bien surtida.

 

Un lugar tradicional y famoso por los torneos de billar que ahí se celebraban. Aunque ya menguado, sigue en operación desde 1939.

 

Los billares “El Diamante” mantiene su prestigio acompañando la vida pública y comercial de los habitantes de Coatepec. El paso del tiempo ha dado la oportunidad a tres generaciones para mantener el sitio como un centro de reunión y entretenimiento para aquéllos que buscan un lugar de convivencia sana.

  


 

REFLEXIÓN CIUDADANA

 

 

Una protesta, una denuncia viviente al fracaso de los programas sociales gubernamentales de los tres niveles de gobierno, del esquema caritativo de cualquier creencia religiosa o empresarial incluyendo los clubes de servicio conocidos.

 

Un hombre vagabundo mal oliente que recorre las calles del centro de Coatepec con un equipaje integrado por cajas, bolsas, bultos, un “zorrillo humano” ignorado socialmente.

 

Otro ejemplo una vendedora de “elotes tiernos”, una pobre mujer con una enfermedad bucal que expone su deformada dentadura. Ignorada por todas las agrupaciones de salud, un auxilio bucal que pone en entredicho incluso a Instituciones universitarias y de investigación que pueden atenderle.

 

Dos personajes sacados de alguna película de Luis Buñuel de los años 40 del siglo pasado.

 

Los discursos demagógicos estallan ante las presencias de dos compatriotas que nos acusan, “solo de pasada”; como dijera Alberto Cortés.

 


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