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¿Qué es el “ser latino” en los Estados Unidos? (III)

En la pasada aparición de esta columna señalábamos que la definición de lo “latino” –como parece comprenderse por la población de los Estados Unidos- no abarca en realidad la gran diversidad de los que por algún motivo tratan de establecerse en aquel país; diversidad que se manifiesta en pautas culturales, sociales, y obviamente lingüísticas, diferentes.


                        Asimismo hemos dicho que el adjetivo hispanoparlante tampoco se puede  utilizar como un sinónimo de latino, pues no todos los latinoamericanos hablan el español como lengua materna. Así pues, gente de diversas nacionalidades, culturas, ideologías y religión coexisten en un país con una historia e ideología muy distinta de las de sus países de origen.





El dicho que reza “el ser humano es comunicación” adquiere especial relevancia para este tema, pues la primera barrera que el migrante debe afrontar es la del idioma. Debido a la relación histórica entre nuestros países no es de extrañar que en la educación básica se incluya el inglés como lengua extranjera, pero a decir verdad esta formación escolar básica no es suficiente para entender un inglés coloquial que a la vez tiene también modismos y acentos distintivos de las distintas regiones norteamericanas.


En la actualidad se estima que la población de origen latino representa un 19.5% del total de la población de Estados Unidos, o sea casi una quinta parte del total, y es el segundo grupo poblacional más grande después de la población blanca o anglosajona. Esto se debe entre otros factores a la existencia de una extensa frontera al norte de México que es el paso de una gran cantidad de migrantes latinoamericanos ilegales, al flujo continuo que en el pasado representó la llegada de migrantes de origen latino y a la alta tasa de crecimiento de la población latina que se encuentra ya dentro de las fronteras norteamericanas, sean ilegales o no.


La historia de la población latina en los Estados Unidos es muy compleja y diversa, pues va desde el racismo hasta la aceptación, desde la marginación hasta la inclusión, desde la ilegalidad hasta el liderazgo político y desde la persecución hasta el triunfo en diversos sectores sociales. De hecho las políticas en materia de migración que actualmente ha establecido el presidente Trump, señalando a los migrantes como una especie de “aprovechados” de la economía estadounidense podrían verse como parcialmente justificadas -pues nadie querría recibir en su país a individuos que son abiertamente criminales, como la Mara 13  centroamericana, el Tren de Aragua venezolano o a cualquier otro evadido de la justicia- pero a la vez representan un retroceso social en temas como el acceso a la educación y a la salud pública para los hijos de latinos ilegales que nacen ya en Estados Unidos, y que por ello son legalmente “norteamericanos por nacimiento”, aun cuando sus padres puedan ser ilegales.





Finalmente queda el fenómeno de la identidad que los latinos-norteamericanos tienen, pues al quedar muchas veces desarraigados de sus países  -a los cuales si vuelven es muchas veces ya como “turistas”- deben integrarse a un relato histórico que no es el suyo propio. Es triste ver en imágenes cómo el guardia fronterizo que captura al inmigrante ilegal es tan latino como aquel a quien persigue, o cómo al  ser entrevistados en los medios informativos muchos descendientes de latinoamericanos que nacieron tras las fronteras apoyan las medidas anti-inmigrantes del actual gobierno.

Con esta reflexión damos por concluido el tema, quedando mucho por decir aún, pero como hemos reiterado el problema de la identidad latina es, como cualquier otra realidad social, demasiado complejo para agotarlo en esta columna, pues como todo lo humano evoluciona y se adapta a los tiempos nuevos.

Deseo a todos un buen fin de semana y un feliz mes de Mayo.

 

Valente  Salazar Díaz

Colaborador

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