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HISTORIAS DEL CAFÉ EXPRESSO

  • hace 1 día
  • 4 min de lectura

Te juzgué mal

La universidad y sus distintas tonalidades de ideas, de enfoques, de ideologías que me inundaban la cabeza con ideas tanto profundas como vacuas, hacían que mis sentimientos y mis emociones permanecieran aletargadas, dormidas bajo el manto de mis deseos de comerme al mundo.

Caminaba en los pasillos de la universidad mientras buscaba alinear mis pensamientos para presentar el examen de Algoritmos III y acreditarlo de la mejor manera. Emulaba los movimientos de quien habita en el manicomio y pretende utilizar como recurso nemotécnico los pasos que siguen a una mente preclara; cuando al doblar en una esquina, entre los salones de Economía y de Informática vi tu cabello azabache remolineando con el suave viento que acariciaba tu cara.  Te ví distraída mientras yo intentaba repetir en mi cabeza el procedimiento del bucle While para iterar instrucciones mientras la condición se cumpliera, en mi cabeza decía: Mientras tus rizos inunden el ambiente a Palmolive Optims, yo seguiré mirándote sigilosamente…

Dicen que los tiempos de Dios son perfectos, asumo entonces, que fue él quien me hizo esperar diez minutos hasta apiadarse de mi desmesura y regalarme un poco de tu atención con una mirada un tanto indiferente que yo atendí con una sonrisa casi tan elocuente como mi expresión corpórea: Flaco, esquelético, enclenque.

Desde ese día y por algunos meses fuiste el objeto de mi atención, con el tiempo logré entablar comunicación contigo y empezar una amistad que me entusiasmaba, Jimena era tu nombre y fuiste, sin lugar a dudas, mi quimera, la razón por la que me levantaba y le “pedía prestados” los pantalones furor y las camisas a mi hermano. Fuiste siempre mi amor imposible de los pasillos universitarios. Fuiste la mujer de la que viví profundamente enamorado y permanentemente rechazado. Pues tus metas (tanto de amores como de estudios) eran otras, muy distintas a las mías.

Paulatinamente fui entendiendo eso y fui aceptando mi destino, mis amigos siempre me molestaban con su inquisitiva curiosidad: -¿Qué? ¿Ya cayó?- A lo cual respondía: -Tranquilo, esto no son enchiladas-  (No es que las enchiladas sea un plato sencillo de preparar, únicamente utilizaba la expresión como cualquier otro universitario lo haría al sentirse acosado por sus amigos: Jueces implacables). Lo cierto es que yo sabía que tu nunca caerías, porque para ti éramos como el agua y el aceite, pero guardé la verdad como un profundo secreto que nunca conté a mis amigos, ni estando bajo los influjos del alcohol en mis momentos emocionalmente mas bajos, ni con la mas fuerte presión de mis amigos para contar mas detalles de ti.

Aunque he de reconocer que esta verdad que hoy me atrevo.a decir, este secreto profundo que me guardé, lo conoció una persona, una amiga que fue de esas que no llaman la atención, de esas amigas que, por su apariencia física o por su “barrio”, los varones las aceptamos como una camarada. Asistías a los partidos de futbol que jugábamos, estudiabas con nosotros en los exámenes, nos acompañabas a los convivios o a la mayoría de ellos y por lo general con el pretexto de acompañarte aprovechaba para escaparme de esas fiestas que se alargaban, siempre pertenecías a algún equipo de trabajo de los que se organizaban para las asignaturas que así lo requerían. En fin, eras una mas del grupo de amigos de la universidad.

Por ser mujer y entender de esos menesteres, te conté muchos de mis secretos, para que me apoyaras a mejorar mis relaciones en curso con una u otra amiga, fuiste también el hombro en el que me apoyé en algunos desengaños y de igual manera yo te ofrecí mis brazos cuando así lo necesitaste. Fuiste, sin lugar a dudas, mi mejor amiga hasta aquel día… Hasta aquel funesto día que me confesaste lo que habías hecho con Jimena, entendí completamente porque siempre se alejaba de mi, a cada paso que daba hacia ella, tu la alejabas dos mas con tus mentiras. Después de saberlo te odié profundamente porque no me permitiste tan siquiera intentar algo con ella. Argumentaste que no entendías porque lo habías hecho, aunque después de hablar por largas horas, entre la confusión de tus lagrimas lo dijiste, tu amistad se fue volviendo mas profunda hasta que el amor se apoderó de ella, sinceramente, poco me importaron tus razones en ese momento, la furia inundaba mi cabeza y decidí no volver a verte jamás. Me alejé de ti, primero por convicción propia, después por el destino, pues tuve que cambiarme de escuela y no volví a verte.

Continúe con mi vida, así como tu hiciste lo propio, me gradué de la universidad y paulatinamente fui cumpliendo la mayoría de mis metas tanto en lo personal como en lo profesional.  Hoy, en esta tarde de café, después de haber coincidido contigo por casualidad o por las manos del arte que con su tinta mágica nos reunió en un evento escolar de nuestros hijos. Hoy, 20 años después de que el destino cruzara nuestras vidas por esos diez meses, entendí tus razones y me di cuenta de lo infinita que sigues siendo, me di cuenta que me perdí de una relación que pudo rozar la perfección, pero que en ese momento de mi vida, tan lleno de insensatez, tan falto de empatía, tan ávido de todo, no tuve la madurez para mirar mas allá de lo que ocurría

Hoy lo sé, te juzgué mal, te juzgué con la mirada inexperta de mi juventud, te juzgue con la inmadurez de quien no ha vivido lo suficiente para reconocer los destellos de eternidad en las almas de las personas, te juzgué con esa mirada estrecha, circunscripta al pequeño contexto donde me desarrollaba.

Te juzgué mal y ya es tarde para redimirme contigo, después de ese café talvez coincidamos en afinidades y en ganas pero no lo haremos en identidad de sueños, de esmeros y de metas a cumplir…

By Jaac


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