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HISTORIAS DEL CAFÉ EXPRESSO

MI AMIGO

De mirada taciturna, de pensamientos profundos, de días de borrasca, de chispa adecuada, de Literatura, de Antropología, de mate, de Pink Floyd… Así es mi amigo.

Lo conocí un día cuando aún sus ideas adolescentes le inundaban la cabeza, siempre se caracterizó por su dinamicidad tanto física como intelectual, un día descubrí que entre sus aficiones le gustaban las letras, recién se asomaba a ellas. Lo conocí cuando me tocó ser el facilitador del conocimiento que, para la ocasión, se circunscribía a la Geografía. Descubrí también, por casualidad, que le gustaba la buena música; sin saberlo, un día me sorprendí hablando con él de los Héroes del Silencio, de Metallica, de Ozzy Osbourne, de Pearl Jam y otros artistas legendarios del Heavy.


Día a día, mientras fui su formador, compartí conocimientos propios de la asignatura; pero también empezamos a crear, de manera inconsciente, afinidades a partir de la música; divagamos sobre distintos temas de la vida misma encontrando similitudes de su vida con la de mis pasados precarios,  de mis tiempos borrascosos. En esos días me encontré con una reseña en Facebook de un personaje humilde de la institución donde laboraba, pero que a través de las palabras del escritor, se ensalzaban los valores y características de “Don Efra” para darle el justo valor que personas como el se merecen y que, talvez por la indiferencia o por nuestra rutinaria cotidianidad, las demás personas no les damos, dejando que el oscuro manto de la anonimidad y el olvido cubra por completo sus vidas. Al terminar de leer vi el nombre de mi amigo como autor. Exclamé para mi: -“¡Ah perro!” Expresión que denotaba mi asombro pero también mi gusto por saber que en la mente enferma de ese “perro” había algo similar a la mía, había algo más que solo ideas adolescentes, había más, talvez mucho más…

Tiempo después, cuando me enteré por Internet de un concurso para cuentos cortos decidí enviar el mío pero también avisarle a mi amigo para que enviara uno de su autoría. Así lo hicimos, pero como era normal no ganamos absolutamente nada, pues como dice Eduardo Galeano para “los nadies” como nosotros,  la buena suerte no cae ni en lloviznita por mucho que la llamen. Al parecer hay una regla divina que nos implica sufrimiento para el merecimiento.


La cita con Cronos es ineludible, mi amigo egresó de la institución y buscó su crecimiento personal y profesional, pasaron meses, años, al final le perdí la pista; pero cuando algún discente me lo recordaba o cuando en alguna plática informal entre compañeros se recordaba a su persona, me preguntaba: ¿Qué sería de él?  Aunque no lo sabía a ciencia cierta, tenía por seguro que estaría bien.

Un día, por suerte, coincidí con él en un lugar de esos donde se reúnen los terrenales para escapar de la realidad o de la cotidianidad; lo miré mientras me permitía “derramar talento” enfilando la bola 11 en la buchaca de la esquina, al tiempo que él hacía lo propio con la bola 9 en la buchaca del centro. Caminé hacia su mesa para saludarlo, en cuanto me vio celebró el acontecimiento fortuito: -¡Maestrazo! ¡Que gusto verlo!  Al calor del néctar sagrado de la cebada fermentada, nos pusimos al tanto de lo ocurrido en esos años que la vida nos alejó. Escuché con atención sus peripecias, reconocí las experiencias que vivió y ensalcé los aprendizajes que obtuvo de cada una de ellas. Me gustó saber que aún le gustaba la buena música y me gustó mucho más, el saber que la madurez y la sensatez abrazaban sus palabras y acciones.

Después de ese día y al menos una vez por mes, una mesa de billar, dos tacos, 15 bolas de marfil y algunas cervezas fueron testigos de nuestras elucubraciones teológicas, de nuestras anacronías históricas, de nuestras filias literarias, de nuestras disertaciones antropológicas y de nuestras charlas de la Argentina de Sacheri, de Casciari o de cualquier tema que nos ponía sobre la mesa el néctar fermentado que degustábamos.


Al analizar un poco más a mi amigo, vi con agrado que tiene ideas profundas, metas, convicción, responsabilidad, fortaleza y muchas más cualidades que sobra decirlas. Me parece inverosímil el hecho de que en ocasiones detecté mi impronta en sus pasos, pues no me considero para nada un ejemplo a seguir. Le agradeceré eternamente ese gesto a mi amigo. A fuerza de ser sincero, he de decir que a pesar de que tengo una primogénita a la que amo y disfruto día a día pues es mi razón de ser en esta vida,  considero que me faltó un hijo varón para poder compartirle, además de mis experiencias y conocimientos de padre, los consejos de camaradas, de iguales, de personas con similitud de afinidades. Talvez el destino me sugiera a mi amigo… No lo sé.


Durante este tiempo fui testigo de su constante evolución en todos los aspectos (personal, intelectual, cultural, emocional, etc.). Asimismo en el mundo de las letras, pude verlo obtener algunos éxitos mediáticos y sé que si sigue así, seguramente pondrá muy en alto el nombre de su ciudad natal, el del estado de Veracruz pero sobre todo el de la literatura contemporánea. Ojalá que el destino me permita presenciarlo.

Sabemos, por Heráclito, que lo único constante es el cambio, esto aplica para todas las situaciones y personas, lógicamente para dos terrenales como nosotros la regla se aplica irremediablemente. Pues, una vez más el destino nos alejó indefinidamente, por planes profesionales para él, laborales y de salud para mi…  Hoy, después de un año,  me entero por una notificación de Facebook, que es su cumpleaños, escribo una felicitación tan cordial como puedo y le prometo un texto como regalo. Enciendo la computadora, recuerdo las insondables charlas que tuvimos mientras “derramábamos talento” en el billar.  Suspiro profundo mientras suena Último tango en Buenos Aires de Rubén Juárez:  “De mirada taciturna, de pensamientos profundos, de días de borrasca, de chispa adecuada, de Literatura, de Antropología, de mate, de Pink Floyd…“


Me hubiese gustado compartir mis años de juventud contigo amigo, me hubiese gustado “cascarear” juntos en la calle empedrada de mis años pueriles (siendo “azul y oro” te podría haber perdonado que fueses un “pollo”), me hubiese gustado tener un amigo que me hiciera “paro” cuando aquella noche, al salir de la prepa, me madrearon dos tipos solo porque yo le gustaba a la novia de uno de ellos, me hubiese gustado caminar contigo cuando me quedaba sin dinero para regresar a mi casa, me hubiese gustado mostrarte la magia de hacer que mi novia no se diera cuenta que no tenía dinero ni para comer,  me hubiese gustado conocer a tu abuela amigo, me hubiese gustado que juntos libráramos las batallas que tuvimos que librar en soledad, me hubiese gustado compartir las carencias económicas, los desamores, los innumerables fracasos y los contados éxitos. Me hubiese gustado tomarme una cerveza contigo en tu cumpleaños amigo; pero, paradójicamente, la Geografía que en aquel entonces nos reunió, hoy nos aleja...  ¡Salud Amigo!

 

By Jaac


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