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HABLEMOS DE CAFÉ

Por Carlos A. Villalobos Cortés

 

Añoranzas

En ediciones anteriores hablábamos de la predilección que tienen los turistas por el café de Coatepec, simpaticemos o no con la idea que fue precisamente Coatepec y los grandes varones del café quienes posicionaron el grano a nivel nacional e inclusive internacional es un tema que está fuera de toda discusión.

No fue Córdoba Huatusco o Zongolica, ni Chiapas, ni Oaxaca aún con su pluma Hidalgo, sino el café producido en Coatepec el que dio un sentido y un nombre al café de México en el mundo.

Hoy desafortunadamente la falta de interés por parte de los descendientes de aquellos agroempresarios cafetaleros, ha ocasionado en gran medida que cada vez sea menor su cultivo.

Algunos de ellos optaron por voltear sus tierras a cultivos “más rentables” como la Caña de Azúcar o los fraccionamientos, otros simplemente abandonaron la actividad primaria y optaron por vender o rentar sus tierras y dedicarse a vivir de la riqueza que el café les dio a sus padres o abuelos.

En la ciudad de Coatepec, aún persiste en algunos de nosotros aquellas imágenes de camiones o camionetas transportando a los peones del campo o cortadores de café desde algún punto de la ciudad hasta las fincas cafetaleras, estas imágenes prácticamente han desaparecido en la actualidad.

Al igual, han desaparecido, en Coatepec, aquellos famosos beneficios de café, donde la materia prima comenzaba su transformación, primero en los grandes tanques de fermentado y lavado y luego en el secado realizado en planillas o por medio de secadoras mecánicas a base de calor.

El beneficiado húmedo y seco prácticamente llegó a su fin en estos lugares que hoy lucen abandonados y en la mayoría de los casos, pareciera no tienen ninguna historia que contar.

Son algunas casonas de la calle principal; la calle Jiménez del Campillo, un par más de estos caserones en la 2ª. Calle de Cuauhtémoc y el beneficio seco de la familia Martínez Hachity en Juan Lomán y Abasolo las que conservan unas especies de ventanitas por donde se pagaba a los cortadores, estas puertecitas limitaban el acceso a los trabajadores al interior de las casonas, permitiéndoles únicamente el acceso a la entrada de la vivienda más no al siguiente espacio impedidos por las famosas entrepuertas o entre rejas que separaban ambos espacios. Largas filas de trabajadores se formaban a las afueras de estas Casonas.

Una época ida sin duda que jamás volverá donde hoy solo subsisten algunos testigos de esa época gloriosa del café de Coatepec.

 

*Bebedor de café de toda la vida, apasionado del aromático y recolector de saberes y experiencias de hombres y las mujeres de toda la cadena productiva y de comercialización.


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