top of page

CONCIENCIA Y SALUD Por KARUNA SEVA A.C.

  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 3 días

Más allá del cuerpo: una invitación a recordar quiénes somos


En la vida cotidiana, entre montañas, cafetales y la neblina que abraza a Coatepec, solemos identificarnos profundamente con nuestro cuerpo: lo que vemos en el espejo, lo que sentimos, lo que envejece. Sin embargo, hay una verdad tan antigua como vigente que rara vez contemplamos con profundidad: el cuerpo es impermanente.


Desde que nacemos, el cuerpo cambia constantemente. Crece, se transforma, se enferma y, eventualmente, termina. Esta realidad, aunque evidente, suele generar incertidumbre, miedo y apego. Nos aferramos a una identidad que, en esencia, está destinada a cambiar y desaparecer. Así, quedamos atrapados en un ciclo de preocupaciones: la enfermedad, el paso del tiempo, la muerte.


La sabiduría de la tradición védica, especialmente en el Bhagavad Gītā, nos ofrece una perspectiva liberadora. En uno de sus versos más conocidos se nos recuerda:


"Así como el alma pasa en este cuerpo, de la niñez a la juventud y a la vejez, de igual manera pasa a otro cuerpo después de la muerte. El sabio no se confunde con ese cambio." (2.13)


Esta enseñanza nos invita a cuestionar una idea profundamente arraigada: no somos este cuerpo. Más bien, somos conciencia, somos esencia, somos almas espirituales que habitan temporalmente en un cuerpo físico.


Creer que somos únicamente este cuerpo es, desde esta visión, una forma de ignorancia que nos mantiene atados al ciclo del nacimiento y la muerte, así como al sufrimiento que surge del apego. Pero al mismo tiempo, reconocer nuestra verdadera identidad no es motivo de angustia, sino todo lo contrario: es un profundo alivio.


El Bhagavad Gītā también lo expresa con claridad:


"El alma no nace ni muere jamás. No ha sido creada, no es creada y no será creada. Es eterna, siempre existente, imperecedera y primordial." (2.20)


Comprender esto transforma la manera en que vivimos. El cuerpo deja de ser nuestra única referencia y se convierte en lo que realmente es: un medio, una herramienta valiosa para evolucionar en conciencia, para aprender, para servir y para amar de manera más profunda.


Lejos de alejarnos de la vida, esta comprensión nos invita a vivirla con mayor plenitud. No se trata de rechazar el cuerpo ni el mundo, sino de habitarlos con conciencia. Disfrutar, sí; cuidar, sí; pero sin perder de vista lo esencial. Vivir al máximo, pero con propósito.


En el fondo, todos buscamos algo más: una verdad, una paz, una certeza que no cambie con el tiempo. Esa búsqueda constante —a veces silenciosa, a veces urgente— es el llamado de nuestra propia naturaleza espiritual.


Recordar que somos más que este cuerpo no nos desconecta de la vida, nos reconecta con su sentido más profundo. Nos permite transitar la incertidumbre con mayor serenidad y enfrentar los cambios con una mirada más amplia.


Quizá, en medio del ritmo diario, podamos hacer una pausa y preguntarnos con honestidad:

¿Quién soy realmente?


En esa pregunta, sencilla pero poderosa, comienza un camino que no lleva hacia afuera, sino hacia adentro. Y en ese recorrido, descubrimos que aquello que tanto hemos buscado… siempre ha estado en nosotros.


Comentarios


    bottom of page