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FILOSOFÍA CLÁSICA

El amor en la antigua Grecia


En la Antigua Grecia existían tres tipos de amor: el ágape, que es incondicional, representa el compromiso absoluto y la fidelidad, y, según el cristianismo, solo proviene de Dios hacia los hombres; el filial, ese que nos damos entre familiares, amigos y compañeros; y el eros, que se da entre parejas, pero que, para Platón, va mucho más allá del romanticismo. Platón expone el amor como una locura divina; para él, es una comunión con la divinidad.


En otras palabras, amar es buscar la trascendencia humana para conectar con aquello que es eterno. El amor es el impulso esencial de la filosofía, que no es algo teórico ni frío, sino que tiene que ver con ese deseo de buscar el conocimiento, la felicidad y contemplar la verdad que hay en el otro.


El amor consiste en desear algo que no se posee (como el amor platónico que conocemos), pero tiene que ser algo extremadamente bello y bueno. Para él, uno no puede amar lo que es falso ni lo que desconoce. Y ese es el trabajo del amante, es decir, de aquel que ama: buscar qué es eso bello y bueno, porque solo podemos amar cuando lo encontramos.


Pero, ¿qué es lo bello y lo bueno? El filósofo propone una escalera del amor. En el camino de amar, primero se identifica la belleza física, eso que parece estéticamente agradable. De repente, cada uno se da cuenta de que hay muchos cuerpos bellos y no es suficiente; entonces, se sube el escalón y se encuentra la belleza del alma, que hace pensar en qué virtudes hay en esa persona y en qué de “bueno” tiene. Sin embargo, hay muchas almas bellas; entonces, se avanza al otro escalón. Ahí también existe belleza en las cosas, la naturaleza, el arte, el conocimiento, y eso sucede justo un escalón antes de encontrar la belleza por sí misma, y esa hace pensar que, independientemente de cómo esté la otra persona, de lo que siente o de lo físico, se ve bello conocerla y saber cada vez más de ella, porque se hace bella por sí misma.


Esa es la finalidad de todo amante y de todo filósofo. Y en esto consiste realmente el amor, según Platón, en que la persona que ama no va a amar la belleza simple; se va a concentrar en buscar lo bello de quien ama. El amor platónico, por el contrario, se queda en ese escalón de lo físicamente bello, idealiza y cree que es inalcanzable encontrar el amor, porque nunca se atreve a conocerlo de verdad.


La idealidad de la vida no es tener un amor imposible, sino buscar y amar las ideas eternas, inteligibles y perfectas que trascienden nuestra humanidad. En el amor platónico de la sociedad, lo que tenemos son imperfecciones, las sombras de aquello que sí es perfecto.








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