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FILOSOFÍA CLÁSICA

  • hace 1 día
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Humildad.-

 

Aunque no es una fecha establecida por la ONU sino por diversas organizaciones y, grupos espirituales o culturales, el 22 de febrero se celebra el Día de la Humildad.

 

Sin que se confunda con sumisión, la humildad es una virtud humana propia de quien ha desarrollado conciencia de sus propias limitaciones o debilidades, y obra en consecuencia. Es un valor que fomenta la empatía y la consideración hacia los demás, generando relaciones más saludables y constructivas.

 

Su significado es el opuesto a la soberbia, y es una cualidad que define a aquella persona que reconoce la dignidad e igualdad de todos los seres humanos. Esto hace de la humildad una cualidad relacionada con la virtud de la modestia.

 

La humildad es una virtud independiente de la posición económica o social. Una persona humilde no se siente superior ni inferior a nadie, sino que siente el mismo respeto por todas las personas de su entorno y sabe valorar sus esfuerzos.

 

La persona humilde está abierta a aprender de los demás para crecer y mejorar. La humildad también se refleja en el deseo de ayudar a los demás, la generosidad y la disposición a contribuir al bienestar de los demás.

 

Sin embargo, ser humilde no implica dejarse humillar, pues la humildad no supone una renuncia a la dignidad propia como personas. No se trata de menospreciarse a uno mismo, sino de tener una actitud equilibrada y realista en relación con uno mismo y los demás. Reconocer los propios errores constituye un acto de humildad.

 

Una persona que actúa con humildad no tiene complejos de superioridad ni la necesidad de recordar constantemente a los demás sus logros. Las personas humildes no se valen de sus éxitos para ensombrecer a los demás.

 

Como virtud, la humildad reúne características manifiestas en el comportamiento. Algunas de esas son: Comprender la igualdad y dignidad de todos los sujetos; valorar el trabajo y el esfuerzo; reconocer, sin ego, las virtudes propias; reconocer las propias limitaciones; expresarse con afabilidad; actuar con modestia, sencillez y mesura; percibir las relaciones sociales desde la horizontalidad; escuchar a los demás y tomar en cuenta sus opiniones. Entre otras.

 

Importante no confundirla, ya que, en algunos cultos, la sumisión está asociada al temor y al sometimiento a la voluntad divina; lo que conlleva a la humillación.


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