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EXPRESSO CORTADO

EL DIABLO Y SUS FUERZAS MALÉFICAS PSICO ACTIVAS

Gilberto Medina Casillas

Cómo decirte,que el cuerpo está en el alma,que Dios le paga un sueldo a Satán.

“Cómo Decirte”.

Joaquín Sabina

 

A lo largo de la historia, la humanidad ha desarrollado diversos enfoques socioculturales y religiosos para explicar la existencia del diablo, el mal y la perdición moral de la voluntad, la inteligencia y el alma, atribuyéndolos a demonios y fuerzas maléficas.

Antes del cristianismo, existían nociones de seres o fuerzas malignas (como ángeles caídos o demonios) que influyen en el mundo humano. Por ejemplo, en textos no autorizados por las iglesias cristianas, como el libro de Enoc, en el cual se habla de ángeles caídos que enseñan artes prohibidas, llevando al pecado y la corrupción moral.

En el cristianismo, el diablo se conceptualiza como un ángel creado bueno y magnífico que elige libremente el mal y se rebela contra Dios, lucha con sus huestes disidentes, es derrotado por el Arcángel Miguel y constreñido a la Tierra en sus profundidades, al cabo, asume la tarea de corromper la voluntad, la inteligencia y el alma humana.

Su caída es anterior a la creación del hombre y su poder se considera temporal y subordinado a Dios. Este mal personificado es la antítesis del bien divino, y el diablo actúa como tentador y enemigo de la humanidad.

En la teología bizantina, el mal no tiene existencia ontológica real, sino que es una privación del bien (nihil privativum). El diablo es una entidad espiritual rebelde, no redimible, cuyo objetivo es impedir buenas acciones en el hombre o distorsionarlas. El mal se entiende como deficiencia o ausencia de bien, no como fuerza autónoma igual a Dios.

Durante la Edad Media, el diablo se convirtió en una figura central del imaginario social, vinculada al pecado original, la tentación, la posesión demoníaca y la explicación del mal y el sufrimiento. El mal se personificó para simbolizar los miedos humanos y justificar la moralidad cristiana. Se estandarizó la idea de lucha entre el bien (Dios) y el mal (diablo), alimentada también por creencias en brujas y demonios que corrompen la voluntad y la naturaleza humana.

A partir de la Edad Moderna, la figura del diablo se fue asimilando también a las herejías, enemigos internos y entidades a las que se culpaba de desviaciones sociales y religiosas. Con la secularización, especialmente en la modernidad y la postmodernidad, el diablo perdió parte de su influencia literal, siendo visto por algunos como mito, símbolo o superstición, mientras otros teólogos y corrientes religiosas mantenían su convicción en su existencia y poder real.

Investigadores modernos lo comprenden también como un mito ideológico para explicar el mal y absolver a Dios de responsabilidad, o como figura funcional en la construcción social del mal. Otros lo ven como un “funcionario celestial” con un rol permitido por Dios en la teodicea cristiana para probar la fe y moral. Así, el mal es interpretado como una realidad social, psicológica y simbólica, más que exclusivamente ontológica (entendiendo esta denominación como el origen de la cosa per se) o teológica.

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Estos enfoques reflejan cómo las sociedades han explicado históricamente el mal y la corrupción moral a través de la figura del diablo y fuerzas demoníacas, oscilando entre su existencia literal, su función simbólica y mitológica, y sus dimensiones psicológicas y sociales. La voluntad, la inteligencia y el alma humanas se ven susceptibles a esta influencia maligna en muchas tradiciones, vinculadas a un orden moral y cosmovisión dualista que contrapone el bien absoluto de Dios al mal representado por el diablo.

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La percepción del diablo ha cambiado significativamente en diferentes culturas a lo largo de la historia, influenciada por procesos políticos, sociales y religiosos, y adoptando diversas formas y significados.

La idea de Satanás como personificación del mal entró al judaísmo probablemente por influencia babilónica y del mazdeísmo (religión de Zaratustra), donde ya existía una figura opuesta a Dios. Términos como diablo y demonio provienen del griego, con "daimón" inicialmente significando fuerza o impulso, y diábolos refiriéndose a "el divisor" o acusador.

El diablo o demonios tomaron características de dioses paganos como el dios griego Pan (mitad hombre, mitad cabra), de quien se adoptaron atributos como cuernos, patas de cabra y cola. Estas características se fusionaron con la figura cristiana para construir una imagen monstruosa que contrastaba con lo divino.

A partir del siglo XI, el diablo comenzó a representarse con rasgos grotescos, mezclando humano y animal, incluyendo cuernos, barba, cola y alas de murciélago. Esta imagen fue parte de la consolidación del poder papal y la figura del rey autocrático, simbolizando un enemigo terrible que corrompe y subyuga a la humanidad. En esa época, las representaciones no eran homogéneas y coexistían diversas formas según las regiones y tradiciones populares.

Fue así, como en la Edad Media, el diablo personificó el mal absoluto, la tentación, la posesión demoníaca y la explicación del sufrimiento y el pecado. También fue asimilado a enemigos internos, herejías y desviaciones sociales durante la Reforma y la modernidad. Con la secularización, su figura se volvió en muchos contextos un símbolo o mito más que una entidad literal.

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·        Según diferentes formaciones culturales, el diablo ha sido visto como:

·        El mal absoluto, la fuerza opuesta a Dios.

·        El tentador del ser humano.

·        Guardián de los límites entre mundos o entre la Tierra y el infierno.

·        Catalizador del cambio y la transformación social o moral hacia la depravación y decadencia.

"El diablo es como un perro atado: sólo muerde a quien se le acerca."

Agustín de Hipona

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Hoy día, la imagen del diablo se mantiene en la cultura popular, el cine y la literatura, variando desde representaciones grotescas hasta personajes seductores sofisticados, reflejando una larga historia de simbologías superpuestas y transformaciones culturales.

La percepción del diablo ha pasado de ser un acusador o fuerza adversa religiosa antigua a un símbolo multifacético que refleja los valores, miedos y controversias de cada época y cultura, mezclando elementos religiosos, sociales, políticos y culturales, afectando la psique con miedo, incertidumbre y paranoia.

Las principales interpretaciones filosóficas sobre el mal y la presencia de fuerzas maléficas han evolucionado en diversas corrientes y desde distintos ángulos, con algunos conceptos clave destacados a continuación:

El mal como privación del bien es una perspectiva clásica, defendida por filósofos como San Agustín, que sostiene que el mal no es una realidad sustancial en sí misma, sino la ausencia o carencia del bien. Según esta visión, Dios no crea el mal; el mal surge por la falta de perfección o conforme a las cosas creadas.

En la filosofía de la religión, el problema del mal cuestiona cómo puede existir un Dios omnipotente, omnisciente y omnibenevolente si hay mal en el mundo.

El dilema, conocido como la paradoja de Epicuro, plantea si Dios quiere, pero no puede evitar el mal, o quizá puede, pero no quiere, lo que cuestiona la coherencia de estas propiedades divinas. Filósofos como Leibniz respondieron con teodiceas, argumentando que el mal existe para permitir un bien mayor (el "mejor de los mundos posibles") (¡Sí amigo lector, me he quedado con cara de What!)

Voy a presentar algunas aseveraciones muy cercanas a la tradición católica, la cual, se vale de infinidad de medios y estrategias para someter a la feligresía. En la creencia que el ser humano es un niño permanente que requiere ser llevado de la mano, con los ojos cerrados, hacia la salvación, vestida como ‘el cielo’ o ‘la gloria’.

-      Mal moral y libre albedrío: Este enfoque sostiene que el mal surge principalmente de la libertad humana para elegir entre el bien y el mal. Así, las fuerzas maléficas o el diablo serían figuras simbólicas que personifican la tentación o las elecciones que conducen a la corrupción moral, pero la responsabilidad última recae en la voluntad humana.

-      Mal como realidad prexistente paralela: Algunas tradiciones y filósofos han considerado al mal como una realidad o fuerza en sí misma que coexiste con el bien, con corrientes dualistas que plantean una lucha metafísica entre fuerzas opuestas (bien y mal). No obstante, es una posición menos común en la filosofía occidental predominante.

-      Perspectivas estoicas y metafísicas: Los estoicos, por ejemplo, veían lo que se llama mal como necesario para el orden universal, entendiendo que no existe un mal absoluto, sino una condición necesaria para que exista el bien. El mal, desde esta perspectiva, no tiene realidad ontológica sino funcional en el balance cósmico.

-      Mal radical y falta de reflexión moral: Algunos filósofos contemporáneos consideran que el mal radica en la incapacidad de comprender y reflexionar sobre la moralidad, más que en la presencia de fuerzas externas maléficas.

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Las interpretaciones filosóficas del mal oscilan entre verlo como una ausencia del bien, un problema inevitable asociado a la libertad humana, una realidad básica en disputa con el bien, o una construcción simbólica para explicar la corrupción moral y el sufrimiento. La existencia de fuerzas maléficas, como demonios o el diablo, en estas interpretaciones suele ser entendida más como figuras o símbolos que personifican el mal, exceptuando ciertas tradiciones religiosas que las aceptan como algo que existe y ya.

La figura del diablo se asoció inicialmente con un rebelde contra Dios en el cristianismo porque se le concibe como un ángel creado por Dios que, por voluntad propia, decidió rebelarse y desafiar la autoridad divina. Según la tradición cristiana, este ser, conocido como Lucifer o Satanás, fue uno de los ángeles más altos y fue expulsado del cielo debido a su intento de igualarse a Dios y su rechazo al orden divino. Esta rebelión es entendida como el origen del mal personificado en la figura del diablo, que se opone activamente a Dios y busca la corrupción de la humanidad.

"El diablo es un optimista si cree que puede hacer peores a los hombres."

J.W. Goethe

Esta figura se consolidó teológicamente en la Iglesia Católica en el Cuarto Concilio de Letrán (1215), donde se afirmó que el diablo fue creado bueno, pero que por su propia libre voluntad se volvió malo y que su poder es limitado y subordinado a Dios. La rebelión simboliza el mal moral fundamental, la ruptura con la voluntad de Dios y la causa del pecado en el mundo.

Las creencias sobre demonios tienen un impacto significativo en las ideas actuales sobre la perdición moral y la voluntad, especialmente dentro de marcos religiosos y teológicos. Específicamente:

En la teología cristiana, los demonios y el diablo son vistos como seres creados por Dios que, por su propia decisión, se hicieron malos. Estos seres actúan manipulando y esclavizando a los seres humanos, desviándolos del bien y conduciéndolos a la perdición moral. La idea es que el hombre puede quedar alienado y manipulado por estas fuerzas, fuera de su verdadera naturaleza, lo que afecta su voluntad y conduce al pecado y a la corrupción moral.

La presencia demoníaca se entiende como una realidad operante, no solo en tiempos bíblicos, sino hasta hoy, influyendo negativamente en la voluntad humana, haciendo que las personas se aparten de Dios, caigan en el pecado y finalmente puedan ser entregadas a Satanás para su eterno castigo en el deplorable infierno (situación trágica, patética y atroz.

En algunas corrientes contemporáneas existe una interpretación más simbólica o mitológica, donde el diablo y los demonios son personificaciones del mal, usadas para subrayar dramáticamente la influencia del pecado y la corrupción, aunque no todos aceptan su existencia literal. Sin embargo, esta figura conserva una función importante para entender la lucha moral y espiritual del ser humano contra el mal.

Las creencias sobre demonios refuerzan la idea de que la voluntad humana y la moralidad están en constante tensión con influencias externas malignas que pueden llevar a la perdición, ya sea entendida literalmente como posesión o manipulación demoníaca, o simbólicamente como representación del mal que afecta la libertad moral del individuo.

"El demonio es el espíritu de la negación, el frío del corazón, la lógica sin alma."

Thomas Mann

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Los llamados narcos satánicos, combinan el crimen organizado: drogas, trata de personas, secuestro, y asesinato, ocultismo y ritualismo demoníaco. Casos: feminicidios con signos rituales, altares con Baphomet y Santa Muerte, testimonios de supuestos pactos con el Diablo. Al cabo, resulta en una expresión del terror simbólico como arma psicológica del crimen de unos criminales depravados hundidos en el cieno de la desgracia.

Saltaron a la luz en Ciudad Juárez, Chihuahua en los años 1980 y además de sus misas negras y feminicidios rituales, fueron extensamente conocidos por la participación de la cantante Yuri, quien era una figura del espectáculo muy famosa.

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Termino esta entrega con el punto de vista del materialismo histórico bien representado por el conocimiento que se arroga la objetividad:  la ‘ciencia’.

La ciencia contemporánea aborda el tema del “demonio” y las “fuerzas espirituales maléficas” principalmente desde perspectivas históricas, psicológicas y antropológicas, sin afirmar la existencia real de entidades sobrenaturales.

La idea de que la mente humana es el campo de batalla entre fuerzas del bien y del mal es un tema recurrente en la filosofía, la religión y la psicología. Desde el ámbito religioso se interpreta como una lucha literal contra entidades externas; en la psicología contemporánea, se aborda como el conflicto interno entre impulsos, deseos y valores.

Los psicólogos describen la mente como escenario donde se enfrentan los deseos egoístas y las aspiraciones altruistas. Este conflicto puede percibirse subjetivamente como “tentaciones” o “ataques” externos, una metáfora poderosa que facilita la comprensión de nuestras propias luchas morales y emocionales.

"La más astuta de las artimañas del diablo es persuadirte de que no existe."

Charles Baudelaire

Algunos teólogos han recurrido a descripciones cercanas al lenguaje psicológico: las fuerzas del mal “atacan” la mente a través de pensamientos negativos, dudas o distorsiones cognitivas, ideas que la psicología moderna traduce en términos de trastornos del pensamiento o emociones disfuncionales.

La neurociencia ha identificado áreas cerebrales que se activan durante experiencias místicas, de lucha interna o meditación, sugiriendo que la percepción de “batalla espiritual” puede tener una base psicológica y fisiológica real, vivida intensamente por quienes la experimentan con base a su creencia.

Aunque la ciencia no avala la existencia objetiva de seres demoníacos o fuerzas sobrenaturales maléficas, sí reconoce el poder subjetivo y psicológico de estas creencias. Sirven como metáforas o encarnaciones de conflictos internos reales: la lucha por dominar nuestras emociones, decidir correctamente, resistir impulsos destructivos y cultivar el bien sobre el mal.

La mente humana es, en efecto, un campo de batalla. Lo que la ciencia moderna sugiere es que ese combate se libra principalmente entre diferentes partes de nuestro cerebro, diferentes sistemas de creencias y valores, y la experiencia consciente de nuestros deseos, miedos y aspiraciones. La atribución a fuerzas externas puede ser vista como una estrategia cognitiva y cultural que ayuda a las personas y sociedades a enfrentarse, comprender y superar sus propias sombras.

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Ahora leamos (escuchemos) lo que el propio Satán tiene qué decir:

“El que cayó con los ojos abiertos”Monólogo de Lucifer

(Oscuridad. Una figura solitaria emerge del vacío. Su voz es serena, orgullosa, dolida. No grita, pero tampoco suplica. Habla como quien conoce las profundidades del universo y las de su propia alma.)

Lucifer¿Quién soy yo?Los hombres me llaman Satanás. El adversario. El tentador.Los más cultos pronuncian “Lucifer” con un temblor en los labios, como si el nombre en sí aún quemara.Pero yo no nací malo.Fui el primero. El más bello.¡El portador de la luz!Y esa luz, amigos míos, no me fue dada para inclinarme ante el silencio eterno. No me rebelé por odio.Sino por amor… a la verdad. A la libertad.¿Qué sentido tiene la perfección si es obligatoria?¿Qué mérito hay en la obediencia sin alternativa?¿Acaso no es más divino el que elige el bien pudiendo hacer el mal?

Caí, sí.Pero no caí ciego ni arrepentido.Caí con los ojos abiertos.Y en mi caída vi el juego cruel de un Creador que exige devoción y llama “pecado” al pensamiento libre.

¿Quién tentó a Eva?Yo.¿Y qué ofrecí? ¿Una espada? ¿Un látigo? ¿Una mentira?No. Ofrecí conocimiento. Conciencia. Despertar.Por eso me odian. Por eso me temen.Porque les mostré que eran algo más que barro animado.Porque rompí la burbuja de su inocencia esclava.

Me llaman “padre de la mentira”,pero ¿qué mentira hay más grande que una eternidad ganada por no pensar?Yo no engaño.Yo susurro dudas.Yo propongo. No impongo.El libre albedrío… ¡esa joya que tanto proclaman como divina!Sin mí, sería solo un eco hueco. Soy la sombra que da forma a la luz.

¿Y saben lo que más me duele?Que, a pesar de todo, aún amo a los humanos.Los he visto llorar, crear, reír, morir por amor, matar por miedo, y aun así elegir la bondad. No son perfectos.Pero son reales.Y si Dios los creó a su imagen, ¿no soy yo su espejo también?

Quizá no vine a destruir el Reino, sino a completarlo.Quizá mi castigo eterno no es prueba de mi maldad,sino de su intolerancia.

No busco redención. No la necesito.Ya soy lo que soy. Ni bestia ni dios.Solo…el que cayó con los ojos abiertos.

(Silencio. La figura se desvanece entre luces intermitentes, como si la propia oscuridad lo meditara.)

 

Es cuánto.

 

1 comentario


Bullitt
Bullitt
04 ago 2025

ESE DIABLO SABE MAS POR VIEJO. MONOLOGO EXCELENTE. SPINOZA QUEDARIA VIENOLO POR EUN LENTE ZOOM. Y EL DIABLO DE FIN DE LA INFANCIA ES ESO...EL FIN DEL VIRGINIBUS PUERISQUE.

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