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EXPRESSO CORTADO

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Gilberto Medina Casillas

Todos sabemos ya de los males para los consumidores debidos a la obsolescencia programada. ¿Pero de dónde surge?

La historia de la obsolescencia programada se remonta a los años 20 del siglo pasado, cuando el presidente de General Motors, Alfred P. Sloan, ideó una estrategia para competir con el gigante automovilístico rival, Ford. Frente a los esfuerzos de Henry Ford por inundar Estados Unidos con su modelo T, que se mejoraba progresivamente para que los nuevos clientes pudieran acceder a una versión mejor, Sloan quería que los que ya tenían un coche de GM lo cambiaran por el último modelo cuando el anterior aún funcionaba, simplemente porque sentían “cierta insatisfacción con los modelos anteriores en comparación con el nuevo”.

Sloan aplicó a sus coches el concepto de modelo anual, que era como funcionaba por aquel entonces en la industria de las bicicletas (si te suena que ahora muchos smartphones se renueven cada año, ya sabes de dónde viene). Sin embargo, la visión inicial no se centraba en la baja durabilidad; el presidente de GM utilizó el término “obsolescencia dinámica”, ya que su intención era que los propios consumidores vieran su coche como obsoleto en comparación con los nuevos modelos y lo sustituyeran, aunque no lo necesitaran.

¿Qué es la obsolescencia programada?

 

La obsolescencia programada es cuando en la fabricación de un producto se concibe planificando su vida útil, es decir, estableciendo un momento en el que dejará de modo artificial de funcionar correctamente, necesitando ser reparado o sustituido.

Para explicar este concepto, tomaremos como ejemplo de obsolescencia programada la famosa anécdota de la bombilla que lleva más de 100 años brillando en el Parque de Bomberos de Livermore (California), la obsolescencia percibida se basa en la idea de que, si todas las bombillas que compramos duran más de 100 años, los fabricantes se quedarían sin compradores y la industria quebraría, dejando de haber bombillas disponibles para nuevas necesidades. Por lo que vender bombillas con un tiempo de vida útil programado hace que se tengan que comprar más bombillas manteniendo un compromiso de oferta-demanda viable.

Esta es la idea que planteó Bernard London, agente inmobiliario, en 1932, en el informe “Ending the depression through planned obsolescence” (Finalización de la depresión a través de la obsolescencia programada), con el fin de evitar una crisis económica como la del crac del 29.

El término de obsolescencia planificada está estrechamente relacionado con el ciclo de vida de un producto (desarrollo - introducción/lanzamiento - crecimiento - maduración - declive). Ya que, por diferentes motivos, llega un momento en el que los clientes dejan de consumir un artículo porque un nuevo producto lo reemplaza.

Tipos de obsolescencia programada

 

La obsolescencia planificada se presenta en diversas formas, adaptándose a distintas estrategias diseñadas para limitar la vida útil de los productos y fomentar el consumo constante. Cada tipo tiene sus propias características y afecta de manera diferente tanto a los consumidores como al medioambiente. A continuación, exploramos los principales tipos de obsolescencia programada y cómo se manifiestan en nuestra vida cotidiana.

·        Obsolescencia programada: Se programa la vida útil de un producto para que deje de funcionar después de un determinado número de usos.

·        Obsolescencia indirecta: El producto dañado no dispone de piezas de recambio para repararlo, por lo que queda inservible.

·        Obsolescencia funcional por defecto: Ocurre cuando un componente del dispositivo falla y deja de funcionar todo el aparato.

·        Obsolescencia por incompatibilidad: En servicios informáticos, dejan de lanzar actualizaciones para el correcto funcionamiento del producto y se queda obsoleto.

·        Obsolescencia psicológica: Aparecen nuevos modelos de una misma categoría, por lo que el producto queda “pasado de moda”.

·        Obsolescencia estética: Cuando un producto en buen estado se reemplaza por otro más moderno o con un diseño más atractivo.

·        Obsolescencia por caducidad: Se reduce artificialmente la vida de un producto por su fecha de caducidad o de consumo preferente, aunque aún sea consumible.

·        Obsolescencia ecológica: Se justifica el abandono de un producto en perfecto estado por otro que se promociona como más eficiente o más respetuoso con el medioambiente.

 

Ejemplos de obsolescencia programada:

 

Como hemos visto, existen diferentes tipos, ahora veremos algunos ejemplos de obsolescencia programada para no dejar ninguna duda:

Algunos productos electrónicos están diseñados de manera que no se pueda extraer y reparar una pieza, por lo que si se rompe el dispositivo queda inservible. Siendo este uno de los ejemplos más claros de obsolescencia programada, encontramos muchos otros. 

La tecnología avanza cada vez más rápido, por lo que llega un punto en el que ya no existen actualizaciones para nuestro dispositivo y no podemos utilizar algunas aplicaciones o programas que requieren dicha actualización y las antiguas, se vuelven lentas e inestables.

La mayoría de aparatos electrónicos, como móviles o portátiles, utilizan baterías que van sufriendo desgaste y algunas veces no pueden ser reemplazadas, ya que no se puede extraer la pieza directamente por el usuario y su reemplazo por un servicio técnico implica un coste que, a menudo, replantea el adquirir mejor un dispositivo nuevo.

Otro ejemplo de obsolescencia programada, aunque este no pueda parecer tan claro, es cuando aparece un nuevo modelo en el mercado con un diseño mejorado y más llamativo, dejando obsoleto al anterior, lo cual es la evidente política de Apple con su I-Phone.

La obsolescencia programada se entiende como una estrategia deliberada de diseño de productos con vida útil limitada para inducir a los consumidores a comprar con mayor frecuencia, garantizando así la demanda constante y el flujo continuo de ingresos para las empresas. Esto se traduce en un modelo económico basado en el consumo acelerado, donde los productos terminan siendo reemplazados más por intención de la empresa que por necesidad real del usuario. En este contexto, la obsolescencia programada crea una relación de dependencia entre consumo, producción y crédito, donde el sistema financiero se mantiene activo a través del gasto recurrente, aunque esto implica un derroche de recursos y efectos negativos para el medio ambiente.

Desde la perspectiva económica para el consumidor, esta práctica genera un impacto adverso en su bolsillo, ya que deben efectuar gastos no planeados para sustituir productos antes de tiempo, y muchas veces resulta más caro reparar que comprar uno nuevo. Además, provoca desconfianza hacia las empresas manufactureras, que son percibidas como poco éticas al limitar la funcionalidad del producto intencionadamente.

La obsolescencia programada no solo afecta la economía individual sino también la dinámica social y psicológica. Se crea un ciclo de consumismo basado en emociones y deseos inducidos, donde los consumidores desarrollan la necesidad de adquirir la última versión de un producto, incluso cuando el anterior sigue siendo funcional. Este fenómeno se relaciona con la llamada obsolescencia percibida, que se fundamenta en presiones sociales, la mercadotecnia y la cultura de lo efímero, que orientan a las personas a desechar y reemplazar artículos antes de que sea estrictamente necesario, afectando la autonomía y el control que tienen sobre sus bienes.

Además, este patrón impulsa un modelo cultural de "usar y tirar", lo que incrementa la producción de residuos y deteriora la calidad del medio ambiente, afectando indirectamente a la sociedad en su conjunto. Desde esta óptica, emergen propuestas alternativas como la economía circular, que promueve la reparación, reutilización y reciclaje para extender la vida de los productos y modificar actitudes hacia el consumo y la valoración de los objetos.

En suma, la obsolescencia programada impone efectos económicos negativos en los consumidores y profundiza dinámicas sociales que refuerzan patrones insostenibles de consumo y pérdida de autonomía, con graves consecuencias para el medio ambiente y para la confianza social en el sistema productivo.

Como consumidor, para evitar contribuir al ciclo de consumo impulsado por la obsolescencia programada, puedes adoptar varias acciones concretas:

 

·        Investiga antes de comprar: Elige productos con buena reputación de durabilidad, que vengan con garantías amplias y que sean reparables o tengan piezas reemplazables. Informarte sobre la vida útil y la calidad puede ayudarte a seleccionar productos diseñados para durar más.

·        Repara antes que reemplazar: Cuando un producto se dañe, busca opciones de reparación, ya sea en talleres especializados o a través de tutoriales. Favorecer la reparación extiende la vida útil del producto y reduce la generación de residuos.

·        Compra productos usados o reacondicionados: Dar una segunda vida a productos usados reduce la demanda de nuevos y la rápida obsolescencia, además de ser una manera económica y sostenible de consumir.

·        Apoya a empresas comprometidas con la sostenibilidad: Prefiere marcas que prioricen prácticas éticas y sostenibles, que produzcan bienes duraderos y responsables en lo ambiental y social. Esto envía una señal de mercado en contra de la obsolescencia programada.

·        Practica el mantenimiento adecuado: Cuidar los productos (limpieza, cambios de filtro, correctos usos) ayuda a prolongar su funcionamiento y previene fallos prematuros.

·        Reduce el consumo general y opta por la reutilización: Comprar solo lo necesario y reutilizar antes de desechar disminuye la presión sobre los recursos y va en contra del modelo consumista acelerado.

·        Promueve y apoya el derecho a reparar: Exige a las empresas transparencia, acceso a manuales y repuestos para facilitar la reparación, y participa en iniciativas comunitarias o ferias de reparación que fomentan esta cultura.

·        Recicla correctamente: Al final de la vida útil, separa y deposita los residuos en los contenedores adecuados para maximizar la recuperación de materiales y reducir el impacto ambiental.

·        Aboga por cambios legales y sociales: Participar como consumidor informado y activo fomentando políticas que regulen la duración mínima de productos y la responsabilidad empresarial ayuda a frenar esta práctica.

 

Adoptando estas medidas, puedes contribuir a romper el ciclo de consumo impuesto por la obsolescencia programada, reduciendo gastos innecesarios, minimizando residuos y orientando el mercado hacia una economía más sostenible y ética.

 

La obsolescencia programada es una infamia, es abusiva y atroz, conlleva una crítica válida que descalifica al modelo capitalista voraz.

 

Esta aseveración es mi humilde opinión.

 

 

 

 

 

 

Apostilla

 

Bernard London diseñó la obsolescencia programada como una herramienta para reactivar la economía incentivando el consumo sostenible y el empleo, justificando la limitación intencionada de la vida útil de los productos para mantener un mercado dinámico y competitivo, con beneficios claros en el crecimiento económico y la innovación empresarial.

La obsolescencia programada se justifica desde un enfoque mercadológico como una estrategia para mantener activo y dinámico el consumo, lo que impulsa las ventas constantes y el crecimiento económico de las empresas. Al diseñar productos con una vida útil limitada o con una funcionalidad que se vuelve obsoleta en un plazo determinado, las empresas aseguran que los consumidores necesiten o deseen reemplazarlos periódicamente, favoreciendo la continuidad del mercado y evitando el estancamiento económico.

Desde el punto de vista del marketing, esta estrategia se apoya en:

 

·        La creación de insatisfacción o necesidad inducida en el consumidor para motivar la compra recurrente de nuevos productos.

·        El uso de publicidad y mensajes persuasivos que posicionan el reemplazo como necesario o incluso deseable, logrando así que los consumidores perciban la renovación como parte natural y positiva de su experiencia.

·        El aseguramiento de un flujo constante de ventas, que evita la saturación del mercado y el desempleo asociado a una caída en la producción.

 

Así, el marketing tiene un papel clave en sensibilizar o persuadir al consumidor para que acepte la vida útil limitada establecida y continúe adquiriendo productos nuevos para satisfacer sus necesidades cambiantes.

Las características positivas que se atribuyen a la obsolescencia programada desde este enfoque incluyen:

 

·        Activación constante de la economía y el empleo, al mantener una demanda sostenida de productos.

·        Estimulación de la innovación y el desarrollo tecnológico, ya que las empresas compiten mediante mejoras y nuevas funcionalidades para atraer al consumidor.

·        Dinamización del mercado, evitando la paralización económica que implicaría que los consumidores posean productos que duren demasiado tiempo sin necesidad de reemplazo.

 

Desde una perspectiva mercadológica, la obsolescencia programada se justifica como un mecanismo para sostener la economía de consumo mediante la generación continua de demanda, apoyándose en el marketing para inducir la renovación del producto.

Lo cual, plantea un ciclo económico virtuoso en términos de producción, ventas e innovación, aunque también exhibe retos éticos y riesgos ambientales.

.   .   .

Queda a su consideración, amigo lector, si la obsolescencia programada es útil o es mala. Usted decida.


1 comentario


CONQUE NO HAYA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA EN EL HUMAN WARE COGNITIVO, YA LA LIBRAMOS.

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