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EDITORIAL

  • hace 8 horas
  • 2 min de lectura

En México, desde 1951, se celebra el Día de la Libertad de Expresión. Nuestra Carta Magna, en su Artículo 6º, señala que la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado.

 

En ese mismo sentido, el Artículo 7º indica que es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio.

 

No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares, de frecuencias radioeléctricas o de aparatos u otros medios y tecnologías de la información y comunicación encaminados a impedir la transmisión y circulación de ideas y opiniones.

 

Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura ni coartar la libertad de difusión, que no tiene más límites que los previstos en el primer párrafo del artículo 6º de esta Constitución. En ningún caso podrán secuestrarse los bienes utilizados para la difusión de información, opiniones e ideas, como instrumento del delito.

 

Hasta aquí, parece que está claro y por escrito lo importante que es la libertad de expresión. Sin embargo, lo que pasa en México y su gobierno morenista “cuatroteísta” es todo lo contrario. Y para muestra un botón: todos los mexicanos vimos con sorpresa las ocurrentes declaraciones de la presidenta Shienbaum pidiendo que “no vean TV Azteca”. Entendemos que la presidenta está desesperada, desgastada, maniatada, acorralada (entre Trump y el narco), pero decir eso, viola la Constitución, como en muchas otras ocasiones.

 

Entre 2018 y 2025, las organizaciones defensoras de la libertad de expresión han documentado el asesinato de aproximadamente 74 periodistas en México, (es decir 10 por año aproximadamente), presuntamente vinculados con su labor informativa. Las cifras varían ligeramente según la metodología y los criterios de cada institución: Artículo 19 documenta 46 periodistas asesinados durante el sexenio pasado.

 

Lejos del discurso, el gobierno persigue periodistas, los censura, los llama prensa vendida, prensa fifí, mercenarios de la información; los silencia cuando le dicen la verdad en su cara. En Veracruz acaban de secuestrar otra periodista en el sur. Es decir, en nuestro país no existe libertad de expresión cuando se trata de señalar los errores del Gobierno, del enriquecimiento de los hijos de AMLO, de los favores políticos, de los miles de asesinatos todos los días, de las madres buscadoras, de la colusión de los gobiernos con el narco. En fin, a eso se le llama doble moral.


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