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EDITORIAL

  • hace 6 horas
  • 2 Min. de lectura

Solemos ignorar señales alarmantes en la sociedad, especialmente entre los jóvenes, que deberíamos poner atención y aportar propuestas, pues las consecuencias ya están a la vista, pero gobiernos y sociedad las ignoran: embarazos adolescentes, jóvenes que se sienten animales, depresión, chicos fuera de la realidad, agresiones fatales a maestros y, lo peor, suicidios.

 

En gran parte, la capacidad de socializar, comunicarse, aprender o razonar, según los que saben, ha sido dañada seriamente por el internet, los teléfonos celulares y las redes sociales. Uno de los más visibles es la sustitución de las relaciones personales debido a las interacciones virtuales, lo que puede generar conductas negativas como ansiedad, depresión, adicciones o conductas agresivas.

 

Investigadores que estudian la salud mental juvenil afirman que, tras la aparición de los “teléfonos inteligentes”, la depresión se disparó de golpe entre adolescentes y jóvenes, como si se hubiera accionado un interruptor. Entre las chicas, los casos de depresión crecieron más de 130% y en los chicos, el aumento superó el 150%. Como si el mundo entero hubiera inhalado el mismo veneno al mismo tiempo.

 

El uso de las redes activa los sistemas de recompensa en el cerebro, principalmente los circuitos mesolímbico-corticales, que hacen sentir placer y bienestar. Un ejemplo de esta ansiedad es la obsesión por las “palomitas azules” en WhatsApp, o ‘likes’ en Facebook, donde esperar esas reacciones puede generar emociones encontradas,

 

Esta experiencia es compleja, pues también está relacionada con el estrés y la ansiedad, y la inhibición de la corteza prefrontal, lo que puede llevar a conductas obsesivas o depresivas. Las redes sociales pueden activar placer, pero también ansiedad. Todo depende del equilibrio cerebral.

 

Además, el contenido y formato han evolucionado para captar y mantener la atención: los videos ahora duran poco más de 30 segundos porque los tiempos de atención se han reducido drásticamente. Los contenidos plagados de erotismo, violencia e ídolos sintéticos -como artistas, influencers o futbolistas-, impactan en la mente de adolescentes y jóvenes, lo que puede fomentar conductas compulsivas.

 

Un aspecto crítico es la discrepancia entre la vida real y la imagen que mostramos en redes. Las redes fomentan la construcción de perfiles idealizados, lo que puede distorsionar la percepción de uno mismo y de los demás.

 

En conclusión, el uso de redes sociales, internet y celular, es una experiencia neurobiológica compleja que puede tener efectos negativos, dependiendo del contexto, la personalidad y las condiciones sociales de cada individuo. Cuidado.


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