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Desde Zimpizahua

  • 13 ene 2023
  • 2 Min. de lectura

(In Memoriam)

Por Joaquín Alcántara Ceballos


Café, elixir de dioses.-


Vivir en Coatepec y no tomar café, es casi pecaminoso. Por algo es una de las bebidas más tomadas a diario en el mundo. Ya sea lechero, capuccino, americano, espresso, turco o combinado con licor, el café está en el gusto universal. Tomando una taza de café, es la manera predilecta de empezar el día para millones de personas, y quienes vivimos en una de las mejores ciudades del mundo para consumirlo, según una conocida revista, tenemos el privilegio de disfrutar este elixir en casita o la cafetería de su preferencia, en cualquier momento del día.


El café en sí no hace daño, hace daño el exceso, como todo. De un tiempo a la fecha, estamos aprendiendo a saborear el café solo, sin leche, sin canela, ni azúcar o panela; como dicen los expertos que debe tomarse. Debo admitir que, cuando leí que el café tenía notas achocolatadas y acarameladas, pensé que exageraban, pero uno se equivoca. El buen café tiene esas notas y más. Hay de cafés a cafés, y los sabores se distinguen de taza en taza.


Hoy en Coatepec hay varias cafeterías y barras para degustarlo, solo o acompañado. Incluso hay museos y escuelas donde te muestran todo el proceso del grano, desde su cultivo, cosecha, lavado y secado, tostado, molido hasta la cata en taza.


Desde nuestra óptica, poner azúcar al café es echar a perder todo un proceso que incluye horas de sol, de sombra, de tierra, de campo y de capital humano, porque el azúcar distorsiona el sabor único del café. Quienes lo toman con endulzante, que no digan que les gusta el café; en todo caso les gusta el sabor del azúcar con café, que es distinto. Además, un buen café no la necesita, y un mal café no la merece.


En Veracruz es obligado ir al restaurante “La Parroquia” a tomar un café lechero. Usted lo pide y el mesero le trae el vaso con café negro, para que posteriormente venga otra persona a poner leche. Al tocar repetidamente el vaso con la cuchara, a manera de tintineo, como imitando el sonido de una campana, acude el servicio a prepararle esta famosa y deliciosa bebida. Esta peculiar forma comenzó a emplearse cuando hubo tranvías en Veracruz. Este pasaba por la calle Independencia, dónde estuvo la original Parroquia. Antes de llegar, el operador tocaba la campana, entonces los meseros aparecían y le preparaban su café con leche, calientito, para después continuar su andar. Un día el operador murió, y desde entonces los clientes, en honor a él, tocan el vaso como campanita para que les preparen su café. Esto me lo platicó mi amigo Ricardo Valerio.


Al tomar verdadero café, no soluble de grandes compañías, ayudamos a productores, campesinos de la región, y a muchos que están inmersos en la cadena del café.


¡Ah!, para la época de calor también hay refrescantes bebidas de café. El incremento del consumo per cápita va a redundar en beneficios para todos. Este producto se ha vuelto tan necesario que a los arquitectos les piden un rincón o barra de café en el diseño de casas.


Sigamos disfrutando de esta deliciosa y enigmática bebida. La vida es más apasionada y bella tomando café, punto.


¡Viva el café de Coatepec!

¡¡Viva México cabrones!!




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