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CON-CIENCIA

9 de diciembre de 1906 - Nace Grace Hopper, científica especializada en Matemáticas y pionera de las ciencias de la computación.

 

El 9 de diciembre de 1906 nació en Nueva York una de las figuras más influyentes y durante mucho tiempo subestimadas en la historia de la tecnología: Grace Brewster Murray Hopper. Su nombre quizá no suene tan familiar como el de otros pioneros de la computación, pero su impacto es profundo que hoy resulta imposible concebir el mundo digital sin sus aportaciones. En una época en la que la presencia femenina en la ciencia era mínima, Hopper no solo abrió puertas: las derribó.

 

Desde niña, Grace mostró una curiosidad inagotable. Le fascinaban los objetos, las máquinas, el funcionamiento de cada cosa. Esa inclinación natural la llevó a estudiar Matemáticas y Física en Vassar College, donde más tarde se convertiría en profesora. En la década de 1930 culminó un doctorado, un logro mayúsculo para una mujer en ese contexto histórico.

 

Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, Hopper buscó alistarse en la Marina, aunque inicialmente fue rechazada por ser “demasiado mayor” y “demasiado delgada”. Insistió hasta lograr incorporarse como parte de la Reserva Naval. Su destino cambiaría para siempre cuando fue asignada al proyecto del Harvard Mark I, una de las primeras computadoras electromecánicas. Allí descubrió un nuevo universo en el que podía aplicar su lógica y creatividad. Mientras muchos veían máquinas enormes, ruidosas y misteriosas, Hopper veía potencial.

 

En ese ambiente de innovación, Grace comprendió algo fundamental: las computadoras debían ser accesibles. No tenía sentido que solo matemáticos o ingenieros pudieran programarlas. Esta visión la llevó a desarrollar una de sus contribuciones más trascendentales: el primer compilador, un programa capaz de traducir instrucciones escritas en lenguaje humano a código que la máquina pudiera ejecutar. Hoy esto parece natural, pero en la década de 1950 fue casi una herejía. Muchos le dijeron que era imposible, que las computadoras solo “entendían” números. Hopper respondió con hechos.

 

Grace Hopper falleció en 1992, pero su impacto perdura. Cada vez que un dispositivo ejecuta una instrucción escrita en un lenguaje de alto nivel, hay un eco de su trabajo. Cada vez que una mujer se abre paso en la ciencia y la tecnología, resuena su ejemplo. Más de un siglo después de su nacimiento, su historia sigue recordándonos que la innovación comienza con la valentía de imaginar algo diferente.


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