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CON-CIENCIA

26 de agosto de 1743 - Nace Antonio Lavoisier, químico francés.

Antoine Laurent de Lavoisier nació en París. Aunque su nombre no suele aparecer con la frecuencia que merece en las conversaciones cotidianas, su legado vive en cada laboratorio, en cada fórmula química y en cada clase de ciencias. Nos enseñó que el fuego no era un elemento y que el aire es más complejo de lo que se creía.


Lavoisier no fue solo un científico brillante, sino un revolucionario en el sentido más profundo del término. En una época dominada aún por la alquimia y por teorías tan encantadoras como erradas como la del “flogisto”, una supuesta sustancia que explicaba la combustión, él tuvo la audacia de mirar más allá. Con experimentos meticulosos, precisión matemática y una curiosidad insaciable, demostró que en toda reacción química “la masa se conserva”: nada se crea ni se destruye, solo se transforma. Así nació la ley de la conservación de la masa.


Lavoisier fue el primero en dar sentido al oxígeno y al hidrógeno como elementos reales y no como ocurrencias filosóficas. Nombró, clasificó y estructuró un nuevo lenguaje químico. Donde antes había muchas creencias sobre “algo”, él puso orden y método. Podemos decir que es el Newton de la química.


Sin embargo, como muchos genios de su tiempo, fue víctima de la misma Revolución que en parte ayudó a inspirar con su pensamiento racional. A pesar de sus contribuciones, fue guillotinado en 1794, acusado de traición por su relación con el sistema fiscal del Antiguo Régimen. “La República no necesita sabios”, dijo uno de sus jueces. Triste ironía: hoy, la humanidad entera sigue bebiendo del conocimiento que ese sabio dejó.


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