top of page

AKIN - Antonio López de Santa Anna, su “Alteza Serenísima”

  • 17 feb 2023
  • 2 Min. de lectura

Por Luis Gómez

Este 21 de febrero, se conmemora el 228 aniversario del nacimiento de Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, reconocido simplemente como Antonio López de Santa Ana, en la ciudad de Xalapa, Veracruz. Fue un militar y político mexicano, importante y controvertido, por igual, por su labor en la historia de nuestro país.


Santa Anna tuvo una carrera convulsa. En 1810 ingresó al regimiento español, en Veracruz, con el cargo de subteniente y bajo las órdenes del coronel Joaquín Arredondo y Muñiz. Dos años después, obtuvo el cargo de teniente; pero en 1821, se adhirió al Plan de Iguala, desertando de las tropas realistas y uniéndose al ejército de Iturbide. Quizá esta primera parte de su trayectoria sería un augurio de la inestable, y a veces contradictoria, visión de este personaje.


En 1823 fue nombrado gobernador de Yucatán, y fue un colaborador del presidente Manuel Gómez Pedraza, al que traicionaría después, para apoyar a Vicente Guerrero, quien lo nombró gobernador de Veracruz, posteriormente. Alcanzó la presidencia de México en 1833, iniciando un periodo itinerante, en el que ocupó el cargo por 23 años, en 6 distintos momentos, de acuerdo con el INEHRM. Estos cambios fueron por retiros voluntarios y obligados.


Además de esa hambre de poder, que lo llevó a sortear bandos y distintas personalidades de la política, su nombre alberga bajo la sombra de sus decisiones como presidente de México. Durante su mando, él firmó distintos tratados con el gobierno de los Estados Unidos, en los cuales perdió más de la mitad del territorio nacional. Específicamente, con el Tratado de Guadalupe – Hidalgo, que tenía como objetivo dar fin a la guerra México-Americana (1846-1848). En este, México cedía el 55% de su territorio; estados actuales como California, Nevada, Utah, Nuevo México; las mayores partes de Arizona y Colorado, así como las actuales Oklahoma, Kansas, y Wyoming, pasaron a ser de Estados Unidos. Además, se reconocía al Río Grande como la frontera natural con el país vecino del norte.


Tras la derrota y su exilio en Jamaica, Santa Anna volvió en 1853 para instalar una última dictadura; última gestión, además, en la que el político xalapeño se hizo llamar “Alteza Serenísima”, título que coronaba su ambiciosa carrera. A través de la Revolución de Ayutla, en 1854, fue derrocado.


Durante la intervención francesa (1862-1867), intentó recuperar el poder, pero fracasó. Vivió en el exilio, hasta que, tras la muerte de Benito Juárez y con el apoyo de Sebastián Lerdo de Tejada, se le permitió volver a México, en 1874. Aquí, moriría dos años más tarde, en la Ciudad de México.

Comentarios


    bottom of page