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¿QUÉ ES LA CIENCIA FICCIÓN?

  • hace 9 horas
  • 3 Min. de lectura

En la anterior edición de esta columna describimos en forma general las características que distinguen a  la ciencia ficción de otros géneros literarios, así como sus inicios durante el siglo XIX.

          Mencionamos también que este género surgió en parte como consecuencia de la Primera Revolución Industrial en Europa, iniciada a mediados del siglo XVIII y consolidada durante el siglo XIX, pero hay que considerar en este punto que no sólo el desarrollo de la mecanización industrial favoreció el ambiente intelectual del que surgiría la ciencia ficción sino que además las ciencias –como hoy las concebimos- se consolidan a partir de fines del siglo XVIII con la aparición de la filosofía positivista del conde Henri de Saint Simon y durante el siglo XIX con Auguste Comte, quienes defendían el método científico y la comprobación empírica como los únicos criterios de la verdad, despreciando las interpretaciones metafísicas de la realidad.

          Así pues, en comparación con géneros milenarios como la poesía, la tragedia o la comedia la ciencia ficción es muy reciente ya que surge al par del desarrollo científico de los últimos doscientos años. 

          Pasaremos ahora a exponer la obra de los dos más grandes autores de ciencia ficción en el siglo XIX, Julio Verne y H. G. Wells; cuyas obras han llegado a ser no sólo importantes en este género, sino también pilares de la literatura universal. 

          Julio Verne (1828-1905) fue un autor muy prolífico, escribió más de sesenta novelas aunque algunas de las más famosas, como La vuelta al mundo  en 80  días,  se pueden catalogar más bien como novelas “de aventuras”; no obstante para el gran público es considerado como el autor pionero de la ciencia ficción. Su novela de 1865 De la Tierra a la Luna en tono satírico exponía las dificultades que habría que superar para lograr viajar a través del espacio. 

          Incluso mucho de lo que él escribió  estaba basado en desarrollos tecnológicos que ya antes se habían concretado. Tomemos el caso de otra de sus más famosas obras, 20,000 leguas  de viaje submarino, donde el legendario capitán Nemo surca los mares al mando de su submarino, el Nautilus.

Dejando de lado el diseño del barco submarino -irrealizable con los materiales y tecnología de su época- de Leonardo da Vinci, ya desde el año 1620 el holandés Cornelius Drebbel, había construido y navegado en el río Támesis un submarino impulsado a remo por encargo de la Marina Real Británica, y en 1776 el submarino Turtle –de una sola plaza- fue usado en la guerra de independencia norteamericana para intentar atacar (sin éxito) a la flota inglesa que bloqueaba el puerto de Nueva York, por lo cual Verne no fue el “inventor” del submarino como muchos aún creen; pero lo realmente interesante de su novela radica en su descripción del sistema motor del Nautilus, pues prácticamente da a entender que el navío es propulsado por algo así como un reactor nuclear de sodio y mercurio, siete años antes del nacimiento de Albert Einstein y veintinueve años antes de que los esposos Curie descubrieran el radio, uno de los elementos químicos que impulsaron el desarrollo de la Física Nuclear.

          Podemos pues afirmar, sin lugar a dudas, que en este sentido Verne fue un verdadero visionario de la ciencia, pues aunque no pudiera describir el funcionamiento del Nautilus como un submarino nuclear, sí nos ofreció un mundo de uso de la energía que hoy podemos ver en los reactores nucleares que producen electricidad, entre otras aplicaciones.

          Nos detendremos por el momento para analizar en la siguiente aparición de esta sección la obra de otro de los grandes autores del género: Herbert George Wells.

Deseo a todos un feliz fin de semana.

Valente Salazar Díaz

Colaborador


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