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POESÍA

  • hace 6 horas
  • 1 min de lectura

A Olimpia cantando

 

Guarda, Olimpia, esa boca seductora,            

que dulcemente canta y dulce ríe,                  

para aquel orgulloso que se engríe                

de que ninguna gracia le enamora.                

 

El ejemplo de un alma que te adora     

por más que de tus ojos se desvíe,                

hará que el más soberbio desconfíe               

de no rendirse a la fatal cantora.          

 

Yo el suave olor que de tus labios parte,                  

y aun el tacto evité de tus vestidos       

y los ojos cerré por no mirarte;             

 

pero al sonar tu voz en mis oídos,                  

Olimpia, vi que, para no adorarte,                  

es menester quedarse sin sentidos.

 

Juan Bautista Arriaza

Marino, diplomático y poeta.

Nacido en Madrid, España en 1770


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