top of page

HISTORIAS DEL CAFÉ EXPRESSO

Una mañana de febrero

Te conocí una mañana de febrero, aún había dejos de invierno en esos días. Te tomé entre mis brazos por primera vez, sentí tu cuerpo tan frágil que temí que te fueses a romper al cargarte. Pude notar las facciones de tu rostro tan definidas como si fuese una escultura de Bernini.  He de confesar que aunque te esperaba con ansias, el saber de tu llegada hacía que la ansiedad se apoderara de mí, pues era inexperto en el mundo de la paternidad y reconocía mis carentes conocimientos prácticos en esos menesteres.

Te conocí una mañana de febrero cuando aún no llegaba la primavera, aunque para mí tu lo fuiste, hiciste renacer en mí sentimientos que se conservaban aletargados en lo mas recóndito de mi corazón o talvez tu los creaste en mis adentros. Me llevaste a conocer el cansancio en su mas profunda expresión pues, según mi idea, yo era un tipo que tenía el sueño muy ligero pero gracias a ti conocí lo que es el sueño profundo.

Te conocí una mañana de febrero cuando aún tenía muchas dudas sobre si yo estaba preparado para ti, o si tu mamá y yo seríamos los idóneos en tu vida, o si nuestra habitación estaría correctamente acondicionada para ti, o mas aún, si el mundo era un buen mundo para ti. 

Te conocí una mañana de febrero cuando aún no sabía de pañales pero gracias a ti me volví un experto en cambiarlos, desarrollando habilidades superlativas para poder cambiarte con una sola mano o soportar estoicamente, como soldado valiente en camino al cadalso, los peores olores que mis receptores olfativos podían conocer. 

Te conocí una mañana de febrero y me ayudaste a saber que mi corazón guardaba sentimientos extraños como el sentirme tan feliz cuando al fin pude comprar una carriola que tu estrenarías, que tu utilizarías y yo no haría mas que transportarte ahí, pero estaba tan feliz como si fuese para mí, porque tu la disfrutarías, aunque he de reconocer que a ti eso no te representó mucho que digamos, pues a tu esencia pueril no le importaban esas superficialidades terrenales.

Te conocí una mañana de febrero y supe que mi vida  giraría alrededor de ti, de primera instancia buscaba la manera de que siempre estuvieses bien físicamente, después tratar de apoyarte en tu desarrollo educativo, emocional, intelectual pero sin exagerar, de tal manera que tu educación se rigiera por la premisa de: Ni muy muy, ni tan tan.

Te conocí una mañana de febrero, en una etapa de mi vida aparentemente mas madura, pero siempre conservando el lado pueril que me había caracterizado y que tu me ayudaste a rescatar, al menos en los primeros años de tu vida, pues después tuve que volverme en el padre serio, maduro, amargado que debe inculcar y desarrollar la disciplina, la responsabilidad, la perseverancia, el compromiso y el respeto por ti misma y por los demás.

Te conocí una mañana de febrero y a partir de ti, fui aprendiendo y perfeccionando el arte de ser padre. Sé que tuve días buenos y días malos, espero que los buenos hayan sido mas y cuando debas poner en la balanza tus experiencias conmigo, cuando el destino o la vida misma te lleven a detener tu camino y analizar paso a paso lo que ha sido tu vida, me guardes un sentimiento grato o un recuerdo bueno en tu corazón.

Hoy, que llegaste de la universidad con toda la efusividad por tu éxito obtenido. Hoy que el destino te llevará lejos de mi y de tu natal geografía. Hoy que tus ansias de comerte el mundo te llevarán a recorrerlo sin mi. Hoy que te veo tan ilusionada preparando tu maleta para este viaje, que según tú no durará nada. Hoy, justo hoy, me doy cuenta de lo mucho que has crecido, no solo físicamente, sino intelectualmente, te miro atento, te encuentro mas madura, te veo ahora ya como una mujer pensante, con mucha fortaleza emocional y física también. Hoy en tu habitación mientras me hablas de los lugares que visitarás, te noto plena, te siento libre, te encuentro etérea.

Se que este viaje, que para ti no es nada, para mi será eterno pues durante estos años te llevará a conocer otros lugares y desde luego otras personas. Espero, que en alguna tarde de café con tus nuevos amigos, les cuentes como fue tu vida a mi lado, como libraste tantas batallas a lado de tu fiel escudero. Espero que cuentes como creciste con y a partir de mi, espero que seas, en ese mundo exterior del que tanto te hablé, la excelente persona que conocí.

Hoy que te acompaño al aeropuerto, cargando tus maletas como tantas veces lo hice en tu infancia y adolescencia;  hoy, para mi asombro, te veo moverte con tanta fluidez por autobuses, ubers, calles, pasillos y personas que me hace tranquilizarme, sabiéndote segura de ti misma en cualquier escenario.

Hoy que te veo irte en ese avión y despegar (literal y metafóricamente) de estas raíces que te vieron nacer y crecer hace muy pocos años para mi, pero tantos para ti. 

Hoy… Justo hoy en el valle desolado donde me deja este sentimiento de paternidad desmesurado que me ataca y me hace querer decirte tantas cosas pero que al final me quita todas mis palabras… 

Hoy… Justo aquí y ahora solo atino a decirte: Hija, ve y busca tu futuro, yo guardaré tu pasado por si alguna vez lo necesitas…

By Jaac


Comentarios


    bottom of page