

10 de mayo.- Día de la Madre
Festividad arraigada culturalmente para honrar el papel de las mamás como pilar familiar. Esta celebración oficial inició en 1922, impulsada por el periodista Rafael Alducin y el apoyo de la Iglesia y el gobierno.





El pasado miércoles 25 de febrero, por la mañana, en la glorieta dende inicia el libramiento de Coatepec, a la altura de Zimpizahua, se llevó a cabo una ceremonia para rendir homenaje por el XV aniversario luctuoso del maestro Enrique Gregorio Sosa (Zoza) (1930–2011), figura central en la vida cultural de Coatepec.
En dicha glorieta, que ahora lleva su nombre, autoridades municipales y ciudadanía recordaron a quien dedicó más de seis décadas a la pintura, a la escultura y más de medio siglo a la investigación histórica local.
La actual administración encabezada por el alcalde, Jorge Ignacio Luna Hernández, realizó el primer homenaje público municipal en su memoria. Durante el acto, los distintos oradores destacaron la amplia trayectoria del artista, escultor, pintor, escritor e historiador; que por primera vez se le rinde un merecido homenaje.
Destaca el discurso ofrecido por la familia Sosa Rebolledo, a cargo de Juan Pablo, hijo del maestro homenajeado, que a continuación transcribimos de manera textual:
Maestro Jorge Ignacio Luna Hernández, Presidente Municipal de Coatepec
Distinguidas autoridades municipales que nos acompañan
Señoras y señores
A nombre de mi madre, Juanita Rebolledo y de mis hermanos Pedro y Enrique, agradezco cumplidamente a todas y todos los presentes por su acompañamiento en esta convocatoria que tiene una especial significación.
Especialmente, agradecemos a las autoridades municipales encabezadas por nuestro alcalde, quienes dispusieron el apoyo para la realización del evento, así como a la representación de la comunidad educativa de la telesecundaria de Cinco Palos que lleva el nombre de mi padre, muchas gracias por su presencia.
Comienzo al recordar una anécdota vivida en una noche a mediados de la década de los 80´s cuando cenando en casa, precisamente unos tacos que mi madre hacía con sazón especial, el entonces presidente municipal, nuestro estimado Antonio Murrieta Cervantes le preguntó a mi padre: cómo debería llamarse el camino a la planta de la Coca Cola que estaba por iniciar operaciones y de bote pronto, mi padre respondió: Camino a las Haciendas.
Y aquí estamos precisamente en un cruce que conecta la hacienda de Zimpizahua con el resto de las haciendas que existen en nuestro municipio, gracias a esta obra reciente del libramiento que está dando un mayor dinamismo a la movilidad de la población.
Quise recordar ese momento y hacer la referencia de dónde estamos porque cuando surgió la iniciativa ciudadana de homenajear la memoria de Enrique Zoza, se ubicó a esta glorieta para que aquí se erigiera el monumento en su honor.
Al final, un cruce en el camino es también un punto de destino, y en este crucero se ofrece también una bienvenida a la magia de Coatepec por el lado sur. Aprovecho para compartir brevemente que el caballete se estableció como símbolo representativo del trabajo que mi padre asumió como pintor y es precisamente la réplica del que usó por más de 50 años de trabajo, que es también, un diseño de su autoría, y esta pieza, realizada en el año 2010 es una donación que, nosotros como familia Sosa Rebolledo hacemos con cariño a Coatepec.
Quienes me han antecedido, ya han relatado algunas de las aportaciones e intervenciones que mi padre tuvo para bien de nuestra tierra. Podría enumerar muchas más, aunque soy consciente que no habré de cansarlos, lo cierto es que ya se imaginarán lo que toda una vida dio la oportunidad de coincidir y conocer, de vivir y valorar en la fuerte, firme y generosa personalidad de un hombre que antes del bien personal, antepuso siempre el engrandecimiento histórico, cultural y social de su pueblo.
Zoza no se perdonaba que se lesionara el patrimonio histórico de Coatepec, al contrario, contribuyó a salvaguardarlo y enriquecerlo. Él buscaba que hubiera un Coatepec preparado para el futuro, basado en el respeto al valor de un gran pasado y con presente responsable y consciente.
Sin duda, fue un personaje que, discreta aunque decididamente, asumió participar de obras que hoy dan digna identidad a nuestra ciudad, y todo lo hizo, al margen de recibir un pago. Mi padre nunca estuvo inscrito en alguna nómina y eso retrata y aumenta el valor de su obra.
Al paso de los años, a 15 de su fallecimiento, se redimensiona el valor que tuvo la vida de un hombre que sólo buscó enaltecer a Coatepec en todas sus obras, ya sea en sus pinturas, en sus investigaciones y publicaciones históricas o en gestiones ante quienes tomaban las decisiones públicas.
Las obras de los creadores nunca caducan y seguramente veremos más pinturas, dibujos y textos que mi padre realizó como parte de su Herencia Histórica que nos legó a todas y todos los coatepecanos.
Gracias a las amistades que generosamente siempre nos han acompañado, muchas gracias a las autoridades municipales, su ánimo por hacer que Coatepec sea mejor, recoge justamente la esencia del pensamiento zozaniano, muchas gracias por honrarlo. Al final, honrar, honra.
Amable audiencia: Inicié con una anécdota y concluiré con una más, que debo citar en este reconocimiento, el primero que se le hace de manera pública: mi padre se enamoró de Coatepec, porque se enamoró de Juanita, y ella creyó en él: lo impulsó anímica y económicamente cuando el arte no permitía sobrevivir y cuando la pasión por investigar la historia de Coatepec, era menos lucrativo.
Por eso, este encuentro es también un homenaje en vida a quien hizo posible que las raíces de un hombre que pudo trascender a otras esferas, se hayan arraigado, por amor, en esta tierra coatepecana. Y aquí, al pie del caballete de Zoza, crece y vivirá el recuerdo de una vida consagrada al arte, escrita con historia y destinada a Coatepec.
Muchas gracias.



Comentarios