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HISTORIAS DEL CAFÉ EXPRESSO

  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

¿Suerte o causalidad?

Hace unos días, mientras disfrutaba de una caminata sobre los 4,000 msnm , el paisaje y el clima con su insondable sabiduría me invitaron a hacer una pausa y disfrutar el momento, consulté a mi soledad si habría alguna objeción para hacerlo y ella con su indulgente voz me contestó que no habría ningún inconveniente , decidí entonces atender el llamado e ipso facto descargué mi mochila para sacar la botella de agua, un par de manzanas  y los poderosos sándwiches aplastados que todo montañista lleva como el tesoro mas preciado en su mochila.

Mientras clavaba el colmillo en la manzana, el murmullo del viento en los Oyameles, mi soledad y la profunda tranquilidad me llevaron a un estado cuasi catártico que me permitió apreciar con todos los sentidos la hermosa natura que me rodeaba y sentir la paz en cada inhalación, mientras el aire con toda la vida y frescura me inundaba los pulmones con oxigeno refrescante, purificante en todo mi cuerpo. No recuerdo con exactitud cuales eran mis pensamientos en ese momento, talvez eran sobre mi mismo, sobre mis vivencias, sobre situaciones que implicaron mi tenaz resiliencia o simplemente mi mente estaba en blanco y solo me circunscribía en disfrutar de la paz interior y exterior del momento.

Mientras mis sentidos y mi enfoque mental se encontraban sustraídos de la realidad, sin darme cuenta un cervatillo se acercaba a mi con el mayor sigilo, cual si fuese un tenaz cazador acechando a una distraída presa, no podría saber las razones del porque decidió hacerlo, talvez porque al ser energía proyectamos lo que tenemos dentro y se permeó de mi paz, talvez buscaba un remanso de tranquilidad donde descansar y el lugar donde yo lo hacia se prestaba para eso o simplemente, por una razón mas terrenal, solo fue atraído por el olor de mis sándwiches; en cualquier caso, no pude saberlo, la única certeza que tuve fue que, de manera subrepticia, el cervatillo se acercó tanto a mi que pude sentir su presencia; despertándome de mi trance ensimismado en completa tranquilidad y al mirarlo pude ver que me olfateaba con curiosidad; asumiendo que ese ser no regala su confianza a cualquier persona, evité cualquier movimiento brusco que lo pudiese asustar, continúe comiendo mi manzana y para mi sorpresa él seguía aun allí, incluso más cercano a mi. Giré un poco el cuerpo y él se mantuvo estoico a mi lado, fueron tres minutos que me regaló su presencia, su confianza, su paz; tres minutos en donde su curiosidad y mi tranquilidad confluyeron en simbiosis junto con el suave viento y su murmullo en los Oyameles. Nos miramos a los ojos, mientras él me continuaba olfateando, desvió la mirada y aproveché para cortar un pequeño pedazo de mi manzana y colocarlo en mi mano para ofrecérselo como tributo, él miró indiferente y lo rechazó con calma, me dijo con su mirada que observara el paisaje y así lo hicimos, estuvimos ensimismados apreciando el valle un poco mas, hasta que decidió darme una ultima olfateada y partir, lo vi alejarse despacio, como quien ha dado una lección y se aleja con la certeza de que ha hecho bien; me regaló una última mirada antes de perderse en el bosque.

Me quedé sentado un poco mas. Algunos le llamarían suerte, casualidad o fortuna, Desconozco… Lo único que sé es que jamás he vuelto a tener una experiencia similar, he seguido caminando por lugares tan hermosos como ese, incluso he vuelto a pasar por ese mismo sitio, pero sin fortuna, o al menos no he vuelto a tener la fortuna de verlo y, para ser sincero, dudo mucho que la tenga; pues: Ningún encuentro es fortuito, por el contrario, es el eco de mil trayectorias.

By Jaac


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