top of page

HISTORIAS DEL CAFÉ EXPRESSO

  • hace 3 días
  • 4 Min. de lectura

Mi perra vida

 

Era temprano por la mañana de aquel día de otoño, las hojas de los arboles caían suavemente esparciéndose por todo el parque cuando pasé corriendo a toda prisa, quería escapar de esa angustia, de esa ansiedad que me inundaba el alma desde que te vi salir, mis receptores olfativos aun percibían un rastro de ti y yo me rehusaba a perderlo, corría tan fuerte como podía pero invariablemente el auto en el que te llevaban era mas rápido que yo y terminé claudicando al verlo desaparecer en el horizonte.

Unos minutos después, desperté de ese trance y me encontré en un sitio extraño, con aromas desconocidos, personas y cosas nuevas; me pareció reconocer un olor familiar del otro lado de la calle, pero al intentar cruzar,  un motociclista que pasó a toda prisa, me golpeó la pierna derecha, haciéndome lanzar un aullido de dolor que me hizo regresar cojeando, como pude me lamí con suavidad para ver si mi saliva podía aminorar el dolor tan fuerte que tenía. Gracias a la magia de mi lengua, el dolor fue cediendo y pude percatarme de la indiferencia de las personas, de primera instancia, a mi llanto (manifestado en chillidos)  y después a mi presencia mientras me relamía la pierna.

De apoco el dolor fue pasando, traté de seguir el olor que me había hecho intentar cruzar la calle, pero el temor a un nuevo golpe me hizo detenerme, al final mi instinto y mi nariz fueron mas fuertes, así que con mucho miedo y nervios logré cruzar, trataba de identificar tu aroma de entre todos los olores nuevos que inundaban mis receptores olfativos… Fue en vano, caminé infructuosamente, por algunas horas mas con rumbo a donde recordaba haber perdido de vista tu coche.

Pasaron algunas horas de que desapareciste por el horizonte, estaba empezando a atardecer, no había tomado agua y me topé con un par de perros callejeros, como les llaman las personas, que hasta ahora han sido amistosos, pues solo nos hemos olfateado los traseros para saber quienes somos y de donde somos, al parecer interpretaron que no sería de peligro, pues los seguí unos pasos y no me gruñeron.

Como pude pasé la noche en un carpa de cartón que tenía amontonadas cosas viejas, cartones, bolsas, pedazos de trapo, etc. Únicamente tuve que seguir a uno de esos “callejeros” que saben donde están los mejores “hostales” nocturnos para resguardarse del frío de la noche. Si andas con cuatro lobos, seguramente tu serás el quinto, así que me volví un callejero mas.

Me desperté temprano por la mañana, el sol empezaba a salir, mis amigos callejeros habían salido ya del “hostal” para buscar comida. Yo no me di cuenta cuando ellos se fueron, así que desperté en soledad y aunque estaba un poco oscuro cuando salí a caminar pronto apareció el sol en el horizonte; mis tripas me gruñían, cual si fuesen dos perros en pelea, así que dejé que mi olfato me llevara hasta donde había comida, pronto llegué a lo que parecía un puesto de antojitos, habíamos cuatro callejeros esperando algún pedazo de comida, tuve que esperar algunos minutos cuando un pedazo de gordita cayó cerca de mi, cuando mi hocico toco la punta de ese bocado sentí la hostilidad de una mordida en mi lomo, lloré, chillé con fuerza mientras salía corriendo de allí.

Entendí que comer sería una empresa complicada en ese sitio. De nueva cuenta mis tripas gruñeron y dejé que mi olfato me llevara a otro sitio, esta vez fue un puesto de pollos, en éste solo habíamos dos callejeros, saludé reverentemente al perro que estaba allí, pude percatarme por su olor que era una hembra ya madura, ella me miró indiferente, esperamos algunos minutos y pronto cayeron cerca de cada quien unos pedazos de alas y piel de pollo, antes de agacharme a probar el bocado la miré, ella hacia lo propio con sus pedazos entonces tuve la confianza de poder probar los míos, no eran como los que me daba mi madre pero era pollo, así que lo comí con rapidez. Esperé un rato mas sin obtener nada, decidí buscar otro sitio, caminé por un par de horas sin encontrar mas que olores extraños, nuevos, pero extraños; hasta que al doblar en una esquina percibí un olor conocido.

Mis receptores olfativos se activaron y corrí con todas mis fuerzas hasta donde estaban esos olores familiares, mientras me acercaba percibía mas y mas de cerca tu aroma, hasta que de pronto lo iba perdiendo, entonces regresaba y tu olor se hacia mas fuerte, poco a poco fui recorriendo las construcciones siguiendo la huella de tu aroma, hubo una en particular, atrás del olor de las rosas donde percibí tu olor con mas fuerza, conforme me acercaba lo percibía mas y mas, aunque aún lejano, fue lo mas cerca que pude sentirte, levanté la vista buscándote, grité, ladré y nada, seguí olfateando y tu aroma lo percibí mas fuerte por un hueco en la pared, empujé con todas mis fuerzas, logre abrir un poco mas el hueco, pero no pude entrar, solo atine a gritar: ¡Amigo estoy aquí! ¡Ven!.. Nadie respondió.

Lamenté mucho no saber leer pues vi algunas letras en el muro vertical, seguramente decían tu nombre, me quedé un rato mirando esas letras, percibiendo tu olor cerca pero lejos, después de un rato, no se si fue el cansancio, el hambre o el deseo de verte que me arrebataron las fuerzas y me acosté mientras Morfeo me tomaba entre sus brazos llevándome a lugares pasados, a tiempos hermosos.

Vi en mis sueños a un joven y supe que eras tu, porque cuando te veo, no veo ese hombre avejentado de escaso cabello que camina con pausado andar, veo ese chico niño que jugaba conmigo todas las tardes al regresar de la escuela,  veo ese joven lleno de energía, con el que salía a caminar al parque y que cuando estaba allí me hacia correr con tal fuerza que sentía que mis piernas iban a reventar, mientras el pedaleaba en su bicicleta a toda velocidad, veo a ese chico con el jugaba a las carreras en las playas soleadas de aquellos veranos.

Supe que eras tu, porque cuando te veo, mientras tu piensas que estoy viendo tus ojos escondidos atrás de esos anteojos, lo que realmente veo son los ojos verdes del niño que lloró el día en que llegué a su vida…

Supe que eras tu, porque el calor de tu esencia derrite el frío de esta lápida donde desperté…

By Jaac


Comentarios


    bottom of page