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EXPRESSO CORTADO

  • hace 15 horas
  • 7 Min. de lectura

FUERZAS INVISIBLES

Gilberto Medina Casillas

En esta entrega revisaremos tres eventos aparentemente disímbolos y un tercero que los conjuga a ambos, de eso se trata este breve ensayo.

Comencemos con el tema del magnetismo, ya de por sí misterioso e inquietante.

En términos físicos, el magnetismo es una fuerza de atracción o repulsión que actúa a distancia. Se origina por el movimiento de partículas cargadas (como electrones).

Todo sistema magnético posee propiedades que son inamovibles según las leyes de la física: Di polaridad: No existen "monopolos" magnéticos (al menos no se han detectado).

Todo imán tiene un Polo Norte (+) y un Polo Sur (-). Si cortas un imán a la mitad, obtendrás dos imanes nuevos, cada uno con sus dos polos.

El imán genera un campo magnético a su alrededor, la cual es la región del espacio donde se manifiestan sus fuerzas magnéticas.

En todo imán la interacción de los polos es la misma: iguales se repelen; opuestos se atraen.

Es importante saber que no todos los metales responden de la misma manera al magnetismo.

Por eso, los clasificamos según su susceptibilidad magnética.

·       Ferromagnetismo; proviene de una alineación intensa y permanente de los momentos magnéticos entre el Hierro, Níquel, Cobalto.

·       Paramagnetismo o atracción débil y temporal en presencia de un campo externo. Magnesio, Aluminio.

·       Diamagnetismo caracterizado por una repulsión débil y universal (todos los materiales la tienen, pero suele ser imperceptible. agua, grafito, oro.

La “magia" de la fuerza magnética ocurre cuando hay movimiento. La dinámica del magnetismo se resume principalmente según Lorenz:

“En una interacción vectorial. Si una partícula con carga eléctrica (q) se mueve a una velocidad {v} dentro de un campo magnético {B}, experimenta una fuerza {F} definida por:


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Algunos ejemplos del uso actual del magnetismo:

·       Efecto Hall: La aparición de una diferencia de potencial eléctrico en un conductor cuando se aplica un campo magnético perpendicular, vital para sensores de proximidad.

·       Inducción Electromagnética: Permite transformar energía mecánica en eléctrica (centrales hidroeléctricas) y viceversa (motores eléctricos).

·       Resonancia Magnética: Utiliza campos potentes para alinear los núcleos de hidrógeno en el cuerpo humano y obtener imágenes médicas precisas.

·       Blindaje Planetario: El campo magnético terrestre (magnetosfera) desvía el viento solar, protegiendo la vida.

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Bueno, ya sabemos que el magnetismo es una fuerza vinculada a la electricidad. Hay un amplio bagaje escrito al respecto. Ahora, vayamos al segundo tema, el hipnotismo, el cual, desde niño, me ha causado estupefacción.

¿Qué es el Hipnotismo?

Desde una perspectiva interdisciplinaria, el hipnotismo es un estado de focalización sensorial acentuada con una reducción de la conciencia periférica.

Físicamente: Se puede entender como una modulación en las frecuencias de las ondas cerebrales (pasando de ondas Beta de vigilia a ondas Alpha o Theta de relajación profunda), donde el cerebro procesa la información de forma no lineal.

Médicamente: Es un estado de "trance" fisiológico donde el sistema parasimpático predomina, reduciendo el cortisol y alterando la percepción del dolor (analgesia hipnótica).

Psicológicamente: Es una disociación momentánea donde el "yo crítico" se aparta, permitiendo que las sugestiones accedan directamente al estrato subconsciente.

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Franz Mesmer (Siglo XVIII): Médico alemán que propuso el "Magnetismo Animal". Creía que un fluido invisible recorría el cuerpo y que las enfermedades eran bloqueos que él podía sanar con imanes (de ahí tu interés previo en el magnetismo). Aunque su teoría física era errónea, sentó las bases de la relación médico-paciente.

James Braid (1842): El cirujano escocés que acuñó el término "hipnosis" (del griego Hypnos, sueño). Él descartó el magnetismo físico y lo identificó como un fenómeno de neuro-hipnología o "fatiga nerviosa" por fijación ocular.

¿?

Jean-Martin Charcot y Sigmund Freud: En la escuela de la Salpêtrière, se empezó a usar para tratar la histeria, lo que dio origen al psicoanálisis (aunque Freud luego abandonaría la hipnosis directa por la asociación libre).

La hipnosis usada clínicamente, se manifiesta a través de:

·       Sugestionabilidad: Aceptación de premisas sin juicio lógico.

·       Catalepsia: Rigidez muscular inducida.

·       Amnesia post hipnótica: Olvido de lo ocurrido durante el trance si así se sugiere.

·       Alteración sensorial: Capacidad de percibir calor, frío o ausencia de dolor (anestesia).

El "hipnotismo de escenario" busca el entretenimiento, no la curación. Se basa en tres pilares:

·       Selección de sujetos: El hipnotista elige a las personas más sugestionables de la audiencia mediante pruebas rápidas.

·       Presión social: El sujeto, al estar frente a un público, siente una predisposición inconsciente a "cumplir el rol" esperado para no romper el espectáculo.

·       Física de la atención: Se utiliza la sobrecarga sensorial para confundir al cerebro y facilitar la entrada en trance rápido.

Aunque el psicoanálisis ortodoxo prefiere la conciencia plena, la hipnoterapia es una herramienta poderosa.

¿Cuáles son los beneficios, en la práctica del ‘diván’?

·       Acceso a traumas reprimidos: Permite evocar recuerdos que la barrera consciente bloquea.

·       Eficacia en psicosomática: Excelente para tratar fobias, tabaquismo y control del dolor crónico.

·       Rapidez: Puede acelerar procesos que en la charla convencional tardarían meses.

Aunque también hay riesgos y peligros imponderables.

·       Falsos recuerdos (Confabulación): Bajo hipnosis, el cerebro puede "rellenar huecos" con fantasías, creando recuerdos de eventos que nunca ocurrieron.

·       Retraumatización: Si no se maneja bien, el paciente puede revivir un trauma (abreacción) de forma violenta sin las herramientas emocionales para procesarlo.

·       Dependencia del terapeuta: El paciente puede ceder su autonomía excesivamente.

·       Contraindicación en psicosis: En personas con esquizofrenia o trastornos disociativos graves, puede desencadenar brotes psicóticos.

Desde la física, la hipnosis es una redistribución de la energía atencional; desde la medicina, un estado neurofisiológico alterado.

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Bien, ahora vamos al tema de conjugación, cuando en la imaginería popular se ligó la hipnosis a la fuerza magnética como una fuerza psíquica inmaterial.

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Hacia finales del siglo XIX, la civilización occidental se encontraba en una entre el avance del positivismo y la persistencia de lo oculto.

El desarrollo industrial había traído consigo una fe ciega en lo mensurable, pero irónicamente, los descubrimientos científicos más revolucionarios de la época —la electricidad, las ondas hertzianas y el electromagnetismo— trataban sobre fuerzas que no se podían ver ni tocar. En este contexto, la relación entre el magnetismo animal y el hipnotismo se convirtió en el epicentro de un debate que buscaba explicar cómo una voluntad humana podía someter a otra.

Advirtió claramente Helena Blavatsky, en su libro ‘La Doctrina Secreta’:  

“¿La Ciencia Moderna no es más que una niña comparada con la Antigüedad y, sin embargo, se arroga el derecho de sentenciar como ‘superstición’ todo aquello que no entra en sus moldes preestablecidos? La ciencia, quien tan pedantemente se arroga hoy la posesión de la verdad absoluta, olvida que cada una de sus 'verdades' de ayer es el error de hoy, y que sus dogmas actuales serán los restos fósiles del mañana."

La Doctrina Secreta.

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Desde la perspectiva de la antropología social, la correlación entre estos dos eventos, magnetismo e hipnotismo resultó ser una estructura de pensamiento que permitió a la humanidad transitar de una cosmovisión física del espíritu a una comprensión psicológica.

Para comprender la mentalidad de finales del XIX, es imperativo revisitar el legado de Franz Anton Mesmer. Su doctrina del "magnetismo animal" proponía que un fluido físico real conectaba todos los cuerpos vivos. Este fluido, según Mesmer, obedecía a las leyes de la física galvánica y magnética. La enfermedad era vista como un "bloqueo" en el flujo de este éter universal. El terapeuta o magnetizador actuaba como un conductor, redirigiendo la corriente mediante "pases" manuales.

Esta concepción convirtió al cuerpo humano en un objeto tecnológico, sensible a las polaridades. A finales del siglo XIX, los antropólogos observan que esta idea persistía no como una superstición, sino como una extensión de la fascinación por la electricidad. Si el telégrafo enviaba mensajes por hilos invisibles, ¿por qué no podría la voluntad humana viajar por el fluido magnético? Esta analogía técnica fue el pegamento que unió el magnetismo con los estados de trance que más tarde se llamarían hipnosis.

A mediados del siglo, James Braid intentó una "limpieza conceptual". Al proponer el término "hipnotismo", buscaba descartar el fluido místico de Mesmer en favor de una explicación basada en la fatiga sensorial y la fijación de la mirada. Braid argumentaba que el estado de trance era un fenómeno interno del sujeto, no el resultado de una transferencia externa de energía.

Sin embargo, la correlación entre ambos fenómenos se mantuvo firme en el imaginario colectivo. El público, e incluso gran parte de la comunidad médica, veía en el hipnotismo la misma fenomenología que en el magnetismo: la pérdida de voluntad, la anestesia y la obediencia total. En términos antropológicos, el símbolo (el estado de trance) era tan poderoso que la explicación teórica (fluido vs. sugestión) quedaba en segundo plano. La sociedad necesitaba una explicación para el poder del "otro" sobre el "yo", y el magnetismo ofrecía una seguridad material que el hipnotismo aún no proporcionaba.

La tensión alcanzó su clímax en la disputa entre la Escuela de la Salpêtrière, liderada por Jean-Martin Charcot, y la Escuela de Nancy, encabezada por Hippolyte Bernheim. Charcot insistía en que el hipnotismo era una condición neurológica real, una forma de histeria que podía activarse mediante estímulos físicos, incluyendo imanes.

Por el contrario, Bernheim lanzaba su famosa proclama: "No hay magnetismo... todo es sugestión".

Charcot utilizaba imanes reales para "transferir" síntomas de un lado del cuerpo al otro en sus pacientes, reforzando la idea de una base magnética física. Aunque hoy sabemos que estos efectos eran producto de la sugestión (los pacientes actuaban según las expectativas del médico), en su momento sirvieron para cimentar la correlación. La sugestión era una idea demasiado abstracta; el imán, en cambio, era una prueba palpable del progreso científico.

Existen razones estructurales por las que los humanos de finales del XIX no podían separar el magnetismo del hipnotismo. Primero, la analogía de la polaridad. Así como los polos opuestos se atraen, se creía que el hipnotizador poseía una carga superior que atraía y subyugaba la del paciente. Segundo, la acción a distancia. Ambos fenómenos desafiaban la necesidad de contacto físico, lo que sugería una "fuerza" mediadora en el éter.

Tercero, la cultura de las sesiones espiritistas y el ocultismo finisecular. El hipnotismo se popularizó en escenarios de variedades donde los ilusionistas se presentaban como "magnetistas". En estos espacios sociales, los términos se usaban indistintamente, creando una síntesis cultural donde la ciencia y el espectáculo se alimentaban mutuamente. El hipnotismo era el "hecho" y el magnetismo era la "explicación".

La correlación magnetismo-hipnotismo tuvo consecuencias profundas en la percepción de la identidad humana. Si un humano podía ser "magnetizado" en contra de su voluntad, la idea del libre albedrío quedaba en entredicho. Esto generó un pánico moral y legal que la antropología social identifica en los juicios de la época, donde se debatía si un hipnotizador podía obligar a alguien a cometer un crimen.

La creencia en el magnetismo ofrecía una defensa: el sujeto era una víctima de una fuerza física externa, similar a ser empujado. La transición hacia el hipnotismo puro (sugestión) fue mucho más perturbadora, pues implicaba que la propia mente del sujeto era cómplice de su subordinación. Pensar en la influencia ‘magneto/psíquica’ funcionó como un amortiguador psicológico ante el descubrimiento de la fragilidad del ego.

Tu voluntad puede ser sometida por un magnetizador.

 

-        ¡Uy, qué mello!


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