top of page

EN TRÁNSITO

  • hace 15 horas
  • 3 Min. de lectura

Cuando el pie manda y no tú

 

Jesús Ricaño Herrera

Nuestro cerebro disfruta cada vez que pisamos el acelerador, no es sólo que seamos irresponsables, es nuestro cerebro que busca dopamina, el acelerador es el botón que la libera.

 

Poco más del 66% de los conductores (2 de cada 3 personas) no respetan los límites de velocidad en nuestro país, el índice de mortandad dentro de un auto, sube hasta un 80% de probabilidad, manejando a velocidad inmoderada.

 

1.   La ciencia detrás de la adicción a la velocidad. A 120 km/h nuestro cuerpo libera una sensación de gozo, dopamina+adrenalina, nos sentimos vivos, poderosos, con una falsa sensación de control, el problema es que nuestro cuerpo genera tolerancia, es decir, cada vez quiere más para poder sentir lo mismo, hoy a 90 km/h nos prendemos, en pocos meses vamos a necesitar más. A gran velocidad nuestra corteza prefrontal, la que calcula riesgos, se apaga, creemos, sentimos que vamos más lento que lo que marca el velocímetro.

 

2.   Cuando el mundo nos frustra. En el trabajo nos presionan, la vida no nos da lo que creemos que merecemos, el acelerador sí nos corresponde, pisarlo nos devuelve un poder simbólico, un control que despierta emociones, es por eso que corremos cuando estamos enfadados, ansiosos o con prisa, técnicamente no manejamos, huimos, y el auto se vuelve un refugio, una armadura de fuga. Muchos comerciales de autos subrayan una idea de libertad, éxito, hombría o poder, cuidado con creer eso.

 

3.   Cómo podemos hackear el deseo de la velocidad. Decirnos “no manejes a exceso de velocidad”, lo siento inútil, necesitamos una razón de peso, pensar en llegar sanos y salvos, para lograrlo, debemos gobernar nuestra biología acelerada, tiene más sentido.

 

a)   Regla del efecto lento, cada vez que manejemos a 100 km/h sentimos que vamos a unos 40 km/h, cada vez que conducimos nuestro auto, reflexionemos sobre este efecto engañoso, tenemos que reeducar a nuestra percepción.

 

b)  Pregunta para uno mismo, ¿Estoy manejando o estoy huyendo? Vamos a autoanalizarnos, darnos cuenta si manejamos con enojo, ansiedad, prisa o todas ellas juntas, como respuesta bajemos la velocidad, te propongo ceñirnos a la velocidad máxima permitida con miras a movernos a una velocidad moderada, es decir, por debajo del límite marcado.

 

c)   Hay que cambiar la playlist al manejar, sí, la música que escuchamos influye en la velocidad que seguimos, un ritmo rápido servirá para el Gym, para conducir piezas musicales calmadas y por debajo de los 90 decibeles.

 

d)  Ritual del guardián, cada vez que respetemos el límite de velocidad, reconoce que has elegido ver por ti y los demás, celébralo, nuestro cerebro ama los rituales, pero de igual modo busca reconocimiento, si tu copiloto reconoce tu cambio de manejo, estará reforzando de modo positivo el cambio. Llegar unos minutos tarde y vivo es un triunfo, no llegar es una terrible derrota.

 

La velocidad no nos hace libres, nos hace predeciblemente peligrosos, ir a 90 km/h en un tramo de 110 es tener control, libre es el que llega a su destino sin sustos, contratiempos, enfados o desencuentros, con la paz y la tranquilidad de no haberle hecho daño a nadie.

 

Si necesitas intensidad, sentirte vivo, no busques en el acelerador, mejor hazlo en una caminata, en una bonita canción, en un lindo recuerdo, en una rica charla con tus seres amados, en alcanzar una meta personal, no hay prisa.

 

Practiquemos ser responsables, después de un tiempo de seguro nos acostumbraremos, recordemos que ser puntuales ayudará bastante a alcanzar esta meta, manejemos nuestro tiempo a favor y no en contra, por favor, no se distraigan. Comentarios a jojerihmx@gmail.com


Entradas recientes

Ver todo
CONCIENCIA Y SALUD Por KARUNA SEVA A.C.

**Efímero** Esta palabra significa temporal, impermanente; algo que inevitablemente termina. Si observamos con atención, casi todo en esta vida es efímero: las circunstancias, las emociones, los víncu

 
 
 

Comentarios


    bottom of page