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CAVILACIONES DEL DR CATURRA

  • hace 3 días
  • 3 min de lectura

Cómo lidiar con esas personas a las que nada les gusta

 

Existen en el ambiente humano, personas que critican todo y a todos de manera compulsiva, y no lo hacen por exigencia, pues el que exige busca la excelencia, que algo sea mejorado, sino que buscan rebajar a quien ofrece un servicio o un bien, hacerlo menos, afectar su autoestima.

 

En esta cavilación vamos a analizar a aquel que critica en automático, en ocasiones sin revisar bien, la comida, la ropa de otros, el aspecto físico, el trabajo, el desempeño académico o deportivo de los demás, nos dice con su crítica que ellos están por encima de esto, ellos seguramente él podría hacerlo mejor.

 

Esta conducta, amables lectores, es aprendida, pocas veces es espontánea y justificada, y a mi juicio tienen estas tres posibles raíces:

 

1.   Espejo aprendido, creció en un hogar donde criticar era la forma de comunicarse entre sus miembros, conversaban y la crítica aparecía como un método de entendimiento, el objetivo era ganar al otro, tener menos críticas encima.

 

2.   El escudo social, si yo critico primero, preocupo, incomodo, y le quito a los demás la posibilidad de criticarme, veo tu plato, lo analizo, lo censuro, le busco lo negativo, para que cuando veas el mío no tengas ánimos de criticarlo y si lo haces, es la venganza lo que te motiva, no la razón.

 

3.   Dopamina barata, al criticarte es inminente que me siento más que tú, ese sentimiento superficial, artificial de superioridad me da un placer instantáneo, que dura unos segundos, verte abatido, molesto o incómodo le causa placer a estas personas.

 

Este tipo de conductas negativas son una manía, no disfrutan de la comida, lo que gozan es el acto de juzgarla de manera negativa y hacer patente su insatisfacción.

 

¿Cómo lidiar con estas personas sin engancharse?

 

a)   No defiendas, describe, si te dice el criticador compulsivo que tu comida no está buena, evita contradecirlo, no insistas en afirmar que sí está rica, mejor dile: “No te gustó, es válido”.

 

b)  La pregunta espejo, cuando eres testigo de una crítica sobre algo que hiciste o hizo alguien más, lanza la pregunta ¿Qué hubieras hecho tú? Un porcentaje de criticadores por deporte queda desarmado, criticar es fácil, proponer es lo complicado.

 

c)   Ponle nombre y límites, “He notado que eres muy exigente con el servicio, yo vine a disfrutar de la cena, así que eso haré”. No lo atacas, pones un límite y marcas tu espacio emocional.

 

Lo que no funciona y es una pérdida de tiempo:

 

·       Intentar darles gusto, nada les parecerá adecuado, el problema no es la calidad de lo que reciben, sino que desean imponer su incomodidad de modo necio y enfermizo.

 

·       Atacar sus críticas con más críticas, es caer en su juego, y vaya que lo saben jugar bien.

 

¿Cómo evito convertirme en un insatisfecho crónico?

 

Hagamos un sencillo pero efectivo ejercicio:

 

1.   ¿Es cierto? ¿Es útil? ¿Es necesario? Si no pasa estos tres simples filtros, es sólo ruido, no se hace necesario criticar.

 

2.   La regla del 10%, oblígate a encontrar el 10% positivo de algo, una comida, trabajo, servicio o atuendo de alguien que lo vuelva rescatable. Sí, tardo mucho la comida en llegar, pero estaba bien preparada, limpia, presentada. Así programas a tu cerebro para no ir en automático a buscar lo negativo.

 

3.   Cambia la queja por la solicitud, en vez de gritar sobre el mal aspecto de algo, solicitas que te ayuden con eso, cambias de juez a persona sin necesidad de herir susceptibilidades.

 

El mundo no necesita más criticadores crónicos, requiere de seres humanos empáticos, que busquen la excelencia y que vayan hacia donde puedan encontrarla, amables amigos, la vida es bella y a colores, venga a disfrutarla, por tanto, cavilemos.

 


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