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CAVILACIONES DEL DR CATURRA

  • hace 18 horas
  • 3 min de lectura

El cruel inquilino de la culpa

 

Una vez platiqué con una persona que sufrió un evento traumático, en la charla abordamos varios aspectos de su lamentable vivencia, en este hecho de tránsito, murió un familiar suyo, le pesaban varias cosas, pero por sobre todas estas, sentía culpa por haberle invitado a hacer el viaje, le causaba pesar haber sobrevivido.

 

En esta oportunidad amables lectores, quisiera invitarlos a cavilar sobre este sentimiento, que lo produce alguna acción u omisión y que produjo un daño o pérdida a alguien.

 

Para comenzar, la culpa es un mecanismo sicológico, moral y social que tiene como función alertarnos de conductas, frases, omisiones o pensamientos que trasgreden nuestros propios valores, es decir, es un regulador del comportamiento, un freno conductual, nos ayuda a entendernos, a mejorar como personas y a tratar de dar al prójimo nuestra mejor versión de nosotros mismos.

 

No sentir culpa, cuando dañamos a otro, no se considera sano, indica falta de empatía, señala que nuestro freno moral está descalibrado, en casos extremos, muestra rasgos antisociales. Sin embargo, aquí les comparto un matiz importante: hay excepciones donde no sentir culpa sí es sano.

 

Por ejemplo, cuando le ponemos límites claros a otros para proteger nuestra integridad física, moral, económica y mental, de igual modo cuando aprendemos a decir “no” a los demás, ante algo que no queremos o necesitamos, no es falta de empatía, ver por ti merece un aplauso. Terminar una relación tóxica o dañina es saludable, ya que mostramos buenos indicadores de autoestima y autocuidado, tu instinto de supervivencia trabajó bien.

 

¿Qué hacemos para enfrentar la culpa?

 

Sí ya hicimos daño, queriendo o no, el daño está hecho y la culpa se ha instalado, lo primero es no negarla ni ahogarnos en ella, ese sentimiento pide acción inmediata, aquí le va una ruta para enfrentarla.

 

1.   Evita el autoengaño, es decir, no busques justificaciones o razones artificiales o forzadas, que te den la razón, dale nombre al daño, quizás gritaste, insultaste, empujaste, heriste, admítelo para comenzar.

 

2.   Hay que diferenciar con claridad que la culpa y la vergüenza no son lo mismo, sentir culpa es admitir que se hizo algo malo, sentir vergüenza, es admitir que fuimos malos, si hiciste algo malo, repáralo, asume el costo social que implica y evita esas conductas para el futuro.

 

 

3.   Busca reparar el daño, pedir disculpas es un buen inicio, hay que hacerlo bien, no desde la lástima, sino desde la responsabilidad, es posible que la persona afectada quiera escuchar tus disculpas, en ese caso no le des vueltas, directo y sin tautologías. Si no quiere escucharte el afectado, entonces puedes acceder a otros para hacerle llegar el mensaje, oral o escrito.

 

4.   Aprende, no cargues, la culpa que te torturó por un tiempo hizo su trabajo, cumplió su función, es hora de tomar nota y desalojarla de tu cabeza, mantener en tus pensamientos la culpa, pese a la reparación del daño, es sabotaje.

 

En los casos de “culpa injustificada” (como la que usamos para introducir esta cavilación), haga un ejercicio de analogía con su caso, esta es la ruta que le proponemos:

 

1.   Identifiquemos que sentimos culpa debido al trauma, no se debió a que fallamos, darte cuenta de esto le quita poder a la culpa, celebra estar vivo, lamenta que el otro resultó dañado, no es tu culpa.

 

2.   Si tú invitaste a un familiar a un viaje y esta persona sale dañada en la maniobra de traslado, tú no causaste el accidente, fue algo fortuito, todos estamos expuestos, el futuro nadie lo conoce.

 

3.   No somos responsables de lo que ocurre en la naturaleza, la lluvia, el autobús y su fallas están fuera de nuestro alcance, lo que sí está bajo tu control es el deseo de causar daño.

 

4.   La culpa en estos casos, es un inquilino cruel, habla con él y desalójalo, protegerte no es un acto egoísta, externa a otros tu sentimiento, eso ayuda.

 

5.   Sobrepensar no es útil en estos casos, para ser buena persona hay que entrar en acción, supera y deja fuera de tu vida la culpa, también es un acto moral deshacerte de lo que nos daña.

 

Vivir castigándonos por lo que pasó, por siempre con la culpa justificada o sin causa real, es una forma de hacernos daños, eso tampoco está bien, vamos a liberarnos, cavilemos.


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