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30 de septiembre. - Día de San Jerónimo


San Jerónimo (Stridone, 347 d.C.), consagró su trabajo en la traducción y la teología, haciendo énfasis en el estudio de los viejos rollos escritos en leguas muertas (arameo, sánscrito), para convertirlos en la Vulgata, de donde surge la Biblia. Jerónimo dominaba el latín, su lengua materna, y conocía en profundidad la retórica clásica de esa lengua; además, tenía un amplio manejo del griego y sabía algo de hebreo y arameo. Se dice que durante uno de sus paseos se encontró con león herido, a quien curó y se convirtió en uno de sus atributos, que representa la fuerza espiritual y autoridad del santo.


En el año 382, se traslada nuevamente a Roma, donde trabaja con el papa Dámaso I, y difunde su ideal de la vida monástica. Fue ahí, por encargo del papa, que tradujo la Biblia al griego y al latín. Por el cumplimiento de esta misión, se considera a San Jerónimo como el hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender las Sagradas Escrituras.


La Iglesia Católica ha reconocido siempre a San Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender, mejor, la Santa Biblia y por eso ha sido nombrado patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender y amar las Sagradas Escrituras; por extensión, se le considera el santo patrono de los traductores.


El motivo por el cual fue elegido el 30 de septiembre para festejarle, se debe a que fue el día que falleció San Jerónimo de Estridón.

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